
UN DÍA MUY LARGO
Por la mañana nadie presagiaba que los vecinos de Los Pisillos iban a estar tan cansados de convivir con una nido de culebras. Acudieron al Ayuntamiento y pidieron ver al alcalde que no les atendió porque no estaba en la ciudad. Esto comenzó a calentar los ánimos. En el móvil -contaban estos motrileños- tenían un vídeo que acreditaba que las serpientes estaban «vivitas y coleando» incluso después de haber fumigado y que las habían visto, horas después del gaseado, inflándose a pajarillos.
La paciencia de los residentes de Los Pisillos se iba agotando poco a poco. Dicen que llevan dos meses viviendo con las bichas y que ahora no aguantan estar en «40 metros con las ventanas cerradas». Estos motrileños asqueados ya por la presencia de las serpientes en el tejado de dos de los bloques del barrio, han visto a lo largo de los últimos días cómo los bomberos rastreaban el techo en varias ocasiones sin éxito. Y claro, esta estrategia ya no les convence. Tampoco les gustó la fumigación al observar el poco efecto que había hecho en 'La Señora' y su familia y ayer no aguantaban más.
«Nos vamos a liarla», avanzaron cuando abandonaron el Ayuntamiento desairados. Y así fue. Llegaron al barrio e hicieron pancartas en sábanas. Cortaron las calles, algunas con vallas, otras con contenedores de basura y otras con desperdicios procedentes de los cubos, y se plantaron en plena Rambla de Los Álamos con sombrillas de playa y sillas de plástico. «No queremos culebras», fue el grito más coreado a lo largo de las siete horas que mantuvieron paralizado el tráfico.
El sol caía sin piedad a las tres de la tarde. Para esa hora, el mercadillo había terminado dejando tras de sí un rastro interminable de basura. Los trabajadores de Limdeco, que llegaron poco después, aún no habían aparecido. Con los nervios de punta, colorados ya por los intensos rayos solares, más de un centenar de vecinos corrían de acá para allá impidiendo el paso de los coches. La situación estaba desbordada.
Llega la Policía
Policías Nacionales y Locales hicieron su aparición y los vecinos, se enfrentaron a ellos. No hubo detenciones pero la tensión se mascaba. El Comisario, Jesús Herranz, trató de pacificar e indicó que por la presencia de mujeres y niños no podían emplear la fuerza para restablecer el orden público. Así que aguantaron estoicamente mientras los vecinos repetían una y otra vez que así no podían vivir. «Hemos estado 'tiraícos' en la calle como perros. No nos han dado de comer, por eso pido que me den otro piso. Mi hija está mala con asma y ahí no podemos vivir», expresaba Dulce, con el hilo de voz que le queda después de varios días peleando contra las serpientes.
En las manos culebras de plástico para protestar y en la cabeza, las de verdad que les rondan el pensamiento cada noche y a cada rato.
Entonces llegó un vecino que hizo de mediador. «Van a venir del Ayuntamiento a hablar con nosotros, pero mientras vamos a abrir las calles». Aquí no tuvo quórum, a todos les pareció mala idea.
«Llevan días tomándonos el pelo. Todos sabemos que los bomberos no están preparados para coger las serpientes. Así que queremos otra solución», explicaban algunos portavoces improvisados.
La tarde fue corriendo y llegaron los representantes municipales. Juan de Dios Bustos, jefe de gabinete de Alcaldía, Ángeles López, concejala de Acción Social e Inmaculada Torres y Teresa Morales, ediles de Participación Ciudadana e Inmigración, respectivamente.
Arremolinados en corrillos hablaron con unos y con otros para convencer a los vecinos de que, a pesar de que harán «todo lo que esté en sus manos», los pisos son de la Junta de Andalucía «y ella es la que tiene la responsabilidad». «Vosotros sois los que estáis gobernando y sois del PP. Pues echarle valor y a negociar con la Junta», les pedían los vecinos una y otra vez.
Mientras tanto, los Bomberos de Motril llegaron para hacer un nuevo intento. Se suponía que las serpientes iban a estar adormiladas por la fumigación del día anterior y que todo iba a ser fácil.
No pueden cogerlas
Pero nada, aunque los bomberos pusieron sus cinco sentidos y todo su empeño no sirvió. Unos por aire -con la autoescala- y otros por dentro, rebuscando en el habitáculo del tejado, no dieron con las bichas y reconocieron que ellos no pueden cogerlas. Un sinfín de recovecos sirven de refugio para estos reptiles y cuando suben a por ellas, se esconden. Los representantes municipales calmaron a los vecinos citándolos en el Ayuntamiento. Hoy mantendrán una reunión para que sigan de cerca los pasos que darán para pedir los permisos a la Junta con el fin de levantar el tejado y atrapar a las invasoras. El Consistorio se compromete a realizar esta operación, pero indica que la Administración Autonómica tendrá que correr con los gastos. Ya tranquilos, los vecinos permitieron que todo volviese a su sitio.






