
Bajo el título 'Educación, emociones y enfermedad', Ana Gámez y Antonio Lara, estrenando sendos cargos como delegada provincial de Educación y presidente del Consejo Escolar andaluz, inauguraron el encuentro destacando la importancia de estos maestros «que trabajan para que la enfermedad de los niños no les afecte psicológicamente».
Las comunicaciones y conferencias pretenden centrarse en los estados de ánimo, impresiones afectivas y sentimientos del alumnado y el papel protagonista de estos profesionales de la enseñanza como punto de partida para desarrollar su tarea educativa. Además, trabajarán la incorporación de las nuevas tecnologías de la información como útiles herramientas de trabajo, «una manera muy especial de romper con todo tipo barreras», explica Gámez.
En Granada hay cinco aulas hospitalarias repartidas en los centros sanitarios Virgen de las Nieves, San Cecilio y Santa Ana de Motril. Además de dos clases con dos docentes especializados en Salud Mental Infantil y Juvenil. A lo largo del este curso se han atendido a un total de 5.008 escolares.
«Diseñamos espacios, tenemos grupos de alumnos que cambian constantemente. Eso supone nuevas familias y nuevos centros educativos con los que trabajar», explica Antonio Rodríguez. Y sigue: «Al principio, los padres llegan asustados, vulnerables. Poco a poco se relajan, disminuye la tensión cuando ven que hay un control de la enfermedad y que los niños estudian, juegan, aprenden, ríen... Está todo a la vez: patio, aula, amigos y hogar».
Así, el profesor hospitalario desarrolla su trabajo en un extenso ámbito de actuación, procurando atender educativamente la diversidad de los niños pacientes, algunos de ellos con necesidades muy especiales. El programa docente que desarrollan contempla tanto los aspectos formativos, informativos y curriculares como los de asesoramiento y apoyos psico-pedagógicos y socio-afectivos, siendo siempre la curación de los niños internos el objetivo prioritario de los equipos que trabajan coordinados, según explican desde la Junta.
Oportunidad única
Antonio López traba en el aula del hospital Virgen de las Nieves. «En una época en la que prima lo material, estos niños no hacen más que recordarme la importancia de lo emocional. Somos la otra cara de la moneda en la educación».
Diez minutos hablando con Antonio bastan para descubrir el brillo que se esconde en su mirada al hablar de «sus niños». «Hay un antes y un después», dice conteniendo lágrimas. «Hay alumnos que ya no están y que no puedes olvidar y otros que salen adelante y se reencuentran con la vida».
Unos minutos después, Antonio explica a los presentes la importancia del dibujo que ilustra el cartel de las jornadas: «Lo hizo Julia, una antigua alumna mía, dos días antes de morir. Jugamos con esas variables, por eso cada minuto se vuelve esencial. Cada instante, una vida», termina emocionado.





