Y es que el escenario bélico es recurrente para esta narradora que también ha desarrollado un mundo de ficción, asesinatos e intrigas en la Inglaterra victoriana de la segunda mitad del siglo XIX. Su primera novela estaba ambientada en aquel período y no oculta Perry que, para mantener el favor de sus editores, incidió en aquella época.
Dio luego un salto de varias décadas para situarse en la Primera Guerra Mundial, un periodo crucial para la historia de la humanidad al que ha dedicado ya cinco títulos. «Aquel conflicto universal marcó en muchos aspectos el principio de los tiempos modernos», explica Perry.
Asegura que no le interesa la guerra por sí misma «y sí su efecto en la historia y en las personas; las consecuencias de sus horrores y emociones». 'Las trincheras del odio' no se detiene así en el conflicto armado, sino que narra la peripecia de un provecto asesino, «un oficial sin experiencia que no acepta a los superiores y mata a los suyos, un comportamiento moralmente inaceptable incluso en los tiempos de guerra en los que se cometen toda clase de abusos», precisa Perry.
Peligroso, feo y estúpido
«Me atraen las zonas grises, esas zonas oscuras en las que no se ve la línea del bien y el mal, y que se acentúan en situaciones como la guerra. Son esas áreas difusas y confusas en las que nada está claro, al contrario de lo que pasa en las zonas decididamente blancas y negras», plantea.
Inglesa instalada en los parajes más desolados de las tierras altas de Escocia, Perry se muestra muy crítica con la participación activa de su país en la invasión y la guerra de Irak. «Tengo entendido que España se retiró y me gustaría que mi país abandonara un conflicto peligroso, feo y estúpido en el que cada vez nos hundimos más. Está claro que Sadam Husein no era una buena persona, pero también lo está que la situación de Irak no ha mejorado en absoluto en estos años, que es definitivamente peor», denuncia.
Para Anne Perry, «el hecho de que la democracia funcione en nuestros países no quiere decir que debamos tratar de imponerla por la fuerza». La escritora desconoce cuál es la solución en este momento, «pero está muy claro que no deberíamos inmiscuirnos en los asuntos de otros países para empeorar la cosas. Sólo contamos nuestras víctimas y ni siquiera sabemos cuántos iraquíes han muerto», se lamenta.
En su opinión, es un error recurrir a los credos religiosos para justificar las guerras. «La religión es a menudo una excusa para el tribalismo. Las verdaderas religiones nos enseñan a amar a la humanidad y a la Tierra, pero lamentablemente es más fácil odiar que pensar».
No cree Anne Perry que las mujeres sean las reinas indiscutibles de la novela negra e incluso le pone peros al talento de Agatha Christie. «Puede que haya más mujeres en este género, pero eso no significa que sean necesariamente mejores. Las narraciones de Agatha Christie no son demasiado complejas y no exigen pensar demasiado. Sus libros son como puzzles y crucigramas en los que todo acaba encajando. Y la vida no es así», señala.








