-'Orchilla' tiene todos los ingredientes de una buena novela de aventuras. ¿La calificaría usted así o cree que tiene otros elementos?
-Creo que 'Orchilla. El faro del fin del mundo', es una novela épica de aventuras, y es épica por el esfuerzo heróico que realizan sus personajes para poder alcanzar sus fines. Pero. además, al igual que toda ficción que se precie, la novela es, o debe ser, imagen de la vida. Pienso que el arte de componer novelas consiste en retratar fielmente los caracteres humanos, las pasiones, las debilidades, lo grande, lo mediano y lo pequeño, las almas y las fisonomías, todo lo espiritual y también lo físico que nos constituye y nos envuelve; y la forma de hablar, que es una marca de la raza, y las viviendas, que son el signo de la familia, y la vestimenta, que dibuja los últimos trazos externos de la personalidad del individuo: todo esto es novelar sin olvidar, a mi corto entender, que debe existir un perfecto fiel de la balanza entre la exactitud y la belleza de la reproducción.
-Hay valores negativos en ella, como la venganza, que usted no los ve tan criticables.
-Depende del punto de vista de cada cual. Sí, es cierto, en la novela existe la venganza, pero a mi juicio está sobradamente justificada, aunque al final el personaje agredido tan sólo se conforme con el arrepentimiento sincero de todo un rey, dueño nada más y nada menos que de un imperio heredado.
-Sin embargo, la amistad es para usted lo que más debemos valorar en este mundo.
-Si es la amistad nacida de la adversidad, como es el caso de mi novela, por supuesto, porque creo que es ahí donde radica una total entrega por parte de los individuos.
-He visto en ella que a pesar de estar ambientada en el siglo XVI trata temas muy actuales. Me refiero, por ejemplo, al racismo.
-Dar un vistazo al pasado nos brinda una mejor comprensión de nuestro presente y, a la vez, argumentos para construir un futuro acorde con nuestros principios y valores, con los elementos transformadores de nuestra cultura y de nuestra cosmovisión. Creo que leyendo 'Orchilla' se hace necesaria una urgente reflexión.
-También se ve que conoce usted perfectamente el mar.
-Estudié náutica y soy un enamorado del mar. Tal vez sea por lo que conlleva de libertad el poder navegar por los anchos mares de nuestro mundo.
Granadinismo
-En su novela también hay mucho granadinismo. Conoce lugares como la Alpujarra.
-He tenido la suerte de patearla cuando hacía senderismo. Igualmente la he volado en globo, algo inolvidable para mí.
-¿Qué importancia le da usted al amor?
--Toda. Creo sinceramente que sin amor no se puede vivir. Todos nos necesitamos y todos estamos obligados a pretendernos, más que por constitución fisiológica, por necesidad de salvación y plenitud. Sin amor estamos perdidos.
-También le sale de vez en cuando un lenguaje que tiene que ver más con la poesía que con la prosa. ¿Tiene algo que ver la influencia poética de su padre?
-Indudablemente. Mi añorado padre, Félix Peña, que fue un gran poeta, fue mi mejor maestro. Él cultivó mi alma. A muy temprana edad supo insuflar en mis venas el dulce veneno de la literatura. Recuerdo que cuando yo cumplía años o era el día de mi santo, siempre me escribía un precioso poema y me regalaba dos o tres libros, elegidos a su gusto. Yo quería cumplir años tan sólo por el hecho de poder leer su poesía y caminar por las páginas de los libros. Heredé toda su biblioteca. Es el mejor regalo que atesoro, mis libros, sus libros de siempre.








