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'La Juanita' vive para desmentir su leyenda
IDEAL localiza al entrañable personaje motrileño Juan Alabarce Maldonado, de 85 años, en una residencia de El Padul

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'La Juanita' vive para desmentir su leyenda
'La Juanita' posa para Aurelia Egea en los años en los que vivía en Motril
VARIAS generaciones de motrileños fueron, alguna vez, niños y jóvenes que corrieron detrás de 'La Juanita'. Sus chanzas, sus cantes, su contoneo alegre y vivaracho, además del rosario de chismes y el repertorio con el que jaleaba a todo aquel que le prestase atención, llegaron a ser casi la banda sonora de largas tardes y noches de verano a la puerta de muchas casas, durante más de medio siglo.

Fue todo un personaje, casi un símbolo, de una ciudad que sirvió de escenario al melodrama de un hombre que actuó como mujer, que se adelantó treinta años a su tiempo. Pero esa ciudad no fue del todo justa y humana con 'La Juanita', con Juan Alabarce Maldonado. Su verdadero nombre, aquel con el que el Motril de los cincuenta y sesenta le conocía y le llamaba para pintar o encalar alguna estancia de la calle de las Cruces y de otras populosas calles.

Con el paso de los años, y con ausencias desgarradoras en su vida, deambuló (ya solitaria) por un mundo imaginario en el que los vecinos -sobre todo de los barrios- le prestaban atención y compañía Solo quería eso, compañía y que alguien de vez en cuando le diese comida, una botella de vino, que fue su más fiel y perenne amiga, y aquel clavel anónimo que siempre adornó una melena escuálida, sucia y de incipiente calvicie que coronaba aquel gorrito amarillo de croché.

IDEAL reivindicó, hace unos meses, la impronta de 'La Juanita' como señuelo de un Motril extinto que aún la busca por los barrios de la playa cuando va llegando el verano Un año dejó de aparecer y cuando toda la ciudad afirmaba a ciencia cierta que 'La Juanita' se había marchado para siempre, tal vez dormida en la eternidad de aquellos tubos de hormigón de la playa, ella se reivindica a sí misma y nos sorprende cantando -algunas noches- desde la placidez y la humanidad que la rodea en la residencia 'Fuente de la Salud' de El Padul, donde IDEAL la ha encontrado por fin y a donde llegó en condiciones penosas y lamentables el 9 de diciembre del año 2003. «Fue un caso de auténtica urgencia social», explica María Luisa, auxiliar de enfermería y una de las extraordinarias profesionales que cuidan de Juan y otros ancianos en la residencia gestionada por la Fundación Geron. Pero su llegada pronto se convirtió en algo excepcional que cautivó a toda la residencia. De hecho, María Jesús -su actual directora- sonríe con cariño cuando recuerda como en los primeros tiempos 'La Juanita' no salía de su habitación sin pintarse y acicalarse cada mañana «Aún hoy conserva esa coquetería que le caracterizó, pues no podemos privarle de esos calcetines rosas que lleva puestos». La directora explica además que, desde aquellos días, todos allí entendieron que debían dar a Juan ese margen de libertad personal al que estaba acostumbrado (en Navidad, incluso, le regalaron algún cosmético), pues en el respeto a ello su estancia allí ha sido apacible y confortable para quien no conoció más que sonrisas pero también mucha miseria.

Años de hambre

Es más, las enfermeras cuentan sus ocurrencias que revelan una existencia agridulce en un Motril que fue su vida. «Al principio, cuando se valía por si mismo y bajaba al comedor siempre escondía comida en su bolso», explica María Luisa al relatar un gesto habitual que delataba años de hambrunas y mal comer. Ahora la cosa es muy distinta, sonríen al contarlo la enfermera Carmen o la auxiliar Rebeca «pues come poco, pero nunca rechaza los dulces».

Difícilmente pocas personas pueden apuntarse en la lista tantas desgracias como las sufridas por 'La Juanita'. Obviaremos muchas, pero se enfrentó a burlas, atropellos, palizas y, en época relativamente reciente, un tumor, rotura de la cadera y el ACV que le tiene totalmente limitado en movimientos y con una mano paralizada. Su mirada no está perdida, pues entiende, comprende y siente. Su mirada rezuma dignidad y piensa en un ayer en el que fue reina de tantas cosas y de nada a la vez. Su pelo blanco, en un amago de melenita, revela aún las huellas del coqueto y continuo mesado de cabellos. Aún conserva ese gesto tan suyo de cubrirse la boca con la mano doblada Y así se mantiene asintiendo cada vez que se le pregunta por las Explanadas, por 'sla Alsina' de la playa o por Santa Adela.

El reencuentro con 'La Juanita' es difícil de explicar. No es un anciano decrépito, sino un abuelo entrañable que acurrucadito como un niño pequeño, recogido y en una actitud de permanente timidez impresiona al personal del centro. Eso sí, de vez en cuando le entran arrebatos y se enfada con ellas o con quien le pregunta, como nosotros. «¿Quién te daba ese gorro tan bonito, Juan?». «¿Las mujeeeeres!» casi grita desde su sillón con ese deje desvaído y femenino con el coronaba sus ocurrentes frases.

El gorro, la camiseta de tirantes, pantalón corto y chanclas. En cualquier rincón de Motril y su playa nos dará la sensación de que estamos a punto de verla, porque 'La Juanita' volvía con el verano para cantarle a sus amores imposibles, desde las esquinas de su soledad. Vive aún y sueña con un Motril que ya no existe, pero ¿vive! para desmentir su propia leyenda de un final absurdo en un tubo de hormigón junto a las arenas de poniente.
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