Al principio es imposible reconocerle Aunque de inmediato, y ante la presencia de un extraño, cubre su boca con aquel gesto escenificado miles de veces en cualquier porche de los barrios playeros de Motril. Es un abuelito en toda regla y solo el color de sus calcetines evidencia un carácter y una manera de ser a prueba del paso del tiempo. Su piel está tersa y él entero despide olor a limpio y cuidados casi maternales. Lejos ya de aquel color terroso que siempre decoraba sus rasgos. «¿Ha venido a verte un periodista, de tu Motril!», le dice una de las enfermeras. Pero, sorprendentemente, rechaza con un gesto el nombre de su pueblo y los claveles, pero asiente sin un mal gesto a las escuetas preguntas que le hacemos «¿Te acuerdas de Motril, Juan?», «¿Estoy viejooooo . Si que me acuerdoooo!». Y se hace un silencio de varios minutos. «No es así siempre -explica Carmen- hay noches en que arranca a cantar y no para». Cánticos que por cierto constan hasta en los partes de incidencias y que son el remanente de los tiempos, recién llegado, en que 'La Juanita' se sentaba en cualquier poyete de la residencia y se arrancaba por 'María de la O'. Tan desgraciadita como fue ella, o tal vez no porque jamás nadie la oyó quejarse de su destino.
Hubo más, cuando le enseñamos una fotografía que hace muchos años le realizó la motrileña Aurelia Egea, se reconoció y se gustó como en sus viejos y eternos tiempos de plenitud en que ella armaba la marimorena. En aquellos días de vino y claveles que se esfumaron como el deje desvaído de sus ocurrentes y añoradas salidas de tono.





