Los primeros golpes se los llevó, sin venir a cuento, un trabajador del centro de salud de Castell de Ferro. El equipo de sanitarios volvía en coche de su turno de comida cuando un vecino les asaltó por la calle increpándoles para que fuesen a su casa a atender a su madre, que se encontraba enferma. Los sanitarios les subieron al vehículo y desde ese momento comenzó a insultarles a todos, aunque la tomó en especial con un miembro del equipo al que no dejó de pegar. Cuando llegaron a la casa de la enferma, los sanitarios tuvieron que mantener la sangre fría para hacer su trabajo -salvarle la vida a la madre del agresor- mientras el hombre, que según confirmó el SAS tiene antecedentes penales, no dejaba de golpear y amenazar de muerte a uno de los miembros del equipo. El trabajador agredido sufre secuelas físicas -tiene dañadas las cervicales por los golpes en toda la espalda- y psicológicamente también está afectado, según explicaron sus compañeros.
Igual de absurda fue la segunda agresión denunciada por los profesionales de la Costa en estos días. La víctima fue un médico del servicio de Urgencias del hospital de Motril, que sufrió un mordisco en el culo por parte del paciente al que curaba en ese momento.
Desde la camilla
El paciente, que sufría una fractura en el brazo, ingresó muy alterado y bajo los efectos de una sustancia tóxica (el hospital no especificó qué tipo de droga). Estaba tumbado en la camilla cuando el médico le inyectó un tranquilizante y, al tener las manos inmovilizadas, el paciente le respondió con un mordisco. «El disparate se ha instalado en la sociedad que debe pararse que no se puede utilizar la agresividad para conseguir fines. Hoy son los médicos, mañana los maestros y pasado los periodistas...», valora el director del área Sanitaria Granada Sur, Sebastián Molina. Ahora confía en que, al igual que en los últimos casos, estos dos agresores reciban una condena ejemplarizante, con pena de cárcel por el atentado contra los profesionales.





