
-¿Cuáles son las ocasiones perdidas de España a las que usted alude?
-Hablo de tres ocasiones en que España pudo subirse al carro de la modernidad y las libertades y sin embargo no lo hizo. La primera: la Constitución de 1812, conocida como 'la Pepa' y de corte liberal, que se frustró con la vuelta de Fernando VII y el retorno al absolutismo. La segunda: la revolución de 1868 y la Constitución de 1869, que querían acabar con el caciquismo, derivaron en el cantonalismo de la I República, con situaciones delirantes como la del cantón de Cartagena, que quería incorporarse... ¿a Estados Unidos! Y la tercera: tras la proclamación de la II República, la de 1931, que saneaba la vida política española, todo se estropeó con el alzamiento militar de Franco y la Guerra Civil.
-¿La recuperación de la democracia con la Constitución de 1978 permitió compensar esas ocasiones perdidas?
-El gran problema de la Constitución de 1978 es el de la vertebración del país. El gran riesgo es el de que las comunidades autónomas han asumido demasiadas competencias. Me parece un peligro serio que en cada autonomía se estudie una Historia diferente, o tengan distintos sistemas de salud, lo cual supone una mediocridad increíble. Creo que eso no favorece la integración social. O sea: a mi entender, la Constitución no ha conseguido la deseada integración social.
-¿Qué opina sobre la revisión de los estatutos de autonomía?
-La reforma de los estatutos es una patada a la Constitución -concretamente, el Estatuto de Cataluña- y supone un debilitamiento increíble del Estado. Están deshuesando el Estado, precisamente cuando Europa busca estados fuertes.
-¿Qué otros problemas de relevancia ve en la España actual
-La universidad está agonizando desde la aprobación de la Ley de Reforma Universitaria. Otro gran problema es la televisión: se hace una televisión de tiros, cama, sexo y destrucción del lenguaje.
-Apunte más problemas.
-El gran peligro de España es la partitocracia. Los partidos mantienen un dominio nocivo de toda la sociedad, invaden todos los intersticios. Esa invasión global de la sociedad por parte de los partidos es muy peligrosa.
-¿Qué recorrido vaticina al Plan Ibarretxe?
-Ninguno. No creo que el Plan Ibarretxe se haga, simplemente porque no le dejarán. Convocar ese tipo de consultas corresponde al presidente del Gobierno.
-¿Cómo calificaría la figura del Rey?
-La califico de fundamental. Es una persona de concordia. Hace lo que le marca la Constitución y ejerce un papel de árbitro y de moderador. Se ha ganado el puesto en estos años difíciles. Ahora bien, debo añadir que el Príncipe va a ser el Rey más preparado de toda la historia política de España. Tiene una formación académica, cultural y militar excepcional, y hace una labor relevante: conocer toda España y representar al Rey en muchas ocasiones. Yo creo que va a superar a su padre.
-En ese contexto, me imagino que no ve muchas posibilidades para la III República...
-Pues no. No le veo ninguna posibilidad. Pero no sólo porque un buen Rey hace inviable la proclamación de una nueva república, sino porque además no veo sentimiento republicano en la sociedad española. Para que una república tenga algo de viabilidad, tendrían que fracasar rotundamente el Rey y el Príncipe, lo cual no parece probable en vista de cómo la están haciendo actualmente.
rafalopez@ideal.es








