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«El cambio climático tiene demasiado protagonismo»
El biólogo Miguel Delibes advirtió ayer de que para 2050 «se puede perder la mitad de la biodiversidad»
18.04.08 -

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«Cada hora desaparecen tres especies. Y si se sigue a este ritmo, para 2050 se habrá perdido la mitad de la biodiversidad. Por eso se habla de la sexta extinción». Miguel Delibes de Castro, profesor del CSIC en la Estación Biológica de Doñana, lanzó ayer este alarmante mensaje para explicar después que los servicios que proporciona la naturaleza a la especie humana alcanzan el doble y el triple del producto global bruto de todos los países del mundo. Y ésta es sólo una de las variables que debe motivar a conservar el ecosistema, «como necesidad urgente de la humanidad», precisó.

Se trataría, por tanto, de un esfuerzo común que tiene que orientarse hacia diferentes facetas, ya que los peligros medioambientales se tienen que percibir como globales. «El cambio climático tiene demasiado protagonismo y ha adquirido más con el éxito mediático de Al Gore, e incluso se refleja en el Gobierno central, donde hay una secretaría de Estado para este problema. Pero a los conservacionistas nos gusta hablar de cambio global, que incluye la crisis de la biodiversidad, la invasión de especies exóticas, el cambio del ciclo del nitrógeno por el que la Tierra está superfertilizada...», matizó el Premio Nacional de Investigación en 2005, que ayer impartió una conferencia en la Fundación BBVA en Bilbao sobre 'Evolucionismo y conservación de la naturaleza'.

Los científicos ya hablan de una nueva época: el 'Antropoceno', es decir, «la era actual en la que toda la Tierra está modelada por las actividades humanas». Como símil para explicarlo, Delibes se refirió a una lavadora o un coche al que le falta un muelle o un amortiguador, y cuando se estropea vibra mucho. «Hay un cierto descontrol. Y esto es lo que estamos viviendo ahora, ya que se producen cambios poco esperados, como que nieve en mayo o las medusas invadan las playas. Este planeta funciona como un sistema autorregulado y ahora mismo estamos fuera de los límites. Nunca ha habido tanto CO2 y metano en la atmósfera, nitrógeno en el agua...».

El ser humano ha hecho poco habitable este mundo con el aumento de los recursos y del consumo, aunque nunca podrá ser «destruído» -puntualiza el científico-, ya que son «las bacterias y las plantas las que han fabricado la atmósfera que nosotros necesitamos. Y siempre habrá vida». Eso sí, la humanidad es capaz de modificarla completamente y hacer que, por ejemplo, se ponga en peligro la supervivencia del lince ibérico y con ella la de varias especies. «Este tipo de animales sirven como termómetro, porque si no sabemos conservarlos, entonces qué estará pasando con el gusano del suelo. Además, sirve como policía de barrio y mantiene controlados a otros depredadores». A juicio del hijo del escritor Miguel Delibes, estas problemáticas están «desbordando» a la sociedad, ya que nadie sabe bien cómo debe actuar.

Contradicciones

«Los gobernantes se asustan y se producen muchas contradicciones. Por ejemplo, viene una crisis de la construcción y en lugar de aprovechar esta tendencia para fabricar menos hormigón y menos autopistas, que resultan nocivas para el cambio climático, se ataja el problema con la construcción pública. O baja la venta de coches, teniendo en cuenta que el tráfico es perjudicial para el CO2, y en lugar de decir que vamos por buen camino, resulta un síntoma fatal y se alienta al consumo», reflexiona el biólogo.

Unos comportamientos incoherentes que también se repiten entre los ciudadanos de a pie. Pero ¿qué se puede hacer, aparte de reciclar, reutilizar, cerrar el grifo y apagar las luces cuando no se utilizan? Se pueden llevar a cabo muchas más acciones que las que se realizan en la propia casa, como «convencer a otros y forzar a nuestros gobernantes, a todos los niveles, de que queremos cambiar esto y asumir algunos sacrificios», aconsejó Delibes.

Es un trabajo de concienciación y solidaridad, señala, ya que pese a que muchos no notan los cambios porque «los países ricos se saben adaptar; ya hay quien padece las consecuencias» de los malos hábitos de la civilización. Y, como siempre, son los más desfavorecidos: «La gente de Bangladesh ha tenido que huir porque el mar ha entrado en sus arrozales», dice. «La sequía del Sahel o la falta de pesca» son otros ejemplos de los perjuicios ocasionados por el mal trato a la Tierra.

«No se trata de exagerar la catástrofe, como en la película 'El día de mañana', en la que todo Nueva York se hiela. Pero sí tenemos que anunciar los riesgos; como cuando un padre advierte a su hijo sobre las relaciones sexuales. Se trata de explicar que en función de cómo se hagan las cosas puede salir mal o te lo puedes pasar muy bien. Decir que dentro de 40 años no habrá quien viva en la Tierra no es ser catastrofista. Es cierto que puede suceder, si no frenamos a tiempo, ya que todo depende de las actuaciones que ahora se lleven a cabo», concluyó.
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