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Una vida sin ataduras para Óscar
Los equipos de Neurología y Neurocirugía de Traumatología alivian los violentos espasmos involuntarios de un chico guatemalteco que vivía amarrado a una silla de ruedas para no dañarse

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ÓSCAR Saloj Yaxón padecía el grado más extremo de una enfermedad infrecuente, cruel y contradictoria: era un inválido por exceso de movimiento. Su cuerpo era un constante terremoto de espasmos involuntarios, una cárcel de agitación incontrolada. Tenía que vivir amarrado a una precaria silla de ruedas para no dañarse. Y, aún así, sus piernas estaban abolladas de tanto chocar entre ellas. Una tortura. Imposible meterse en la piel de este muchacho guatemalteco de 17 años que, a pesar de la distancia -física y económica- que separa a la ciudad condal de la nación centroamericana, es un seguidor fervoroso del Fútbol Club Barcelona.

Óscar es víctima de un mal que se llama distonía y en Guatemala -uno de los países más pobres y violentos de la Tierra- ya habían hecho todo lo que podían por él. Los tratamientos no funcionaron. Quedaba una alternativa quirúrgica, pero inalcanzable para la medicina de la nación centroamericana -y para los bolsillos de la modestísima familia Saloj-. Las distonías más severas mejoran -y, en determinados casos, de forma espectacular, casi milagrosa- si el paciente se somete a una palidotomía bilateral, una intervención que exige 'tocar' el cerebro de la persona afectada.

Gracias a la 'oenegé' granadina Senderos de Maíz -que desarrolla su labor humanitaria en Guatemala-, Óscar ha tenido su oportunidad y hoy puede decir que en su vida no hay ataduras.

La distonía sigue ahí, cierto, pero atenuada. Por ejemplo, ahora el chaval puede permanecer sentado. Y, con un poco de entreno, es muy posible que pueda llevarse un vaso de agua a la boca.

Son gestos cotidianos para la mayoría, pero para Óscar eran una quimera. Bastante tenía con intentar no lesionarse sin querer.

El alivio que ha experimentado el joven guatemalteco -que es dueño de una simpatía tímida, pero traviesa- es el fruto del trabajo desinteresado de los equipos de Neurología y Neurocirugía del Hospital de Traumatología de Granada, un centro sanitario pionero en Andalucía y en España en el tratamiento de las distonías y, especialmente, de las más graves. De hecho, hasta hace unos meses -cuando se sumó el Virgen del Rocío de Sevilla-, 'Trauma' -que es como se le conoce popularmente en la ciudad- era el único hospital de la Comunidad autónoma que tenía los conocimientos y la tecnología para llevar a cabo el abordaje quirúrgico de esta patología -en España sólo hay media docena de instituciones sanitarias que realizan estas operaciones-.

Cariño fraternal

El complejo sanitario granadino ya ha colaborado en otras ocasiones con Senderos de Maíz. Por eso Óscar recaló en Granada junto a dos de sus hermanos -son nueve-: Ana María y Víctor, dos jóvenes universitarios que lo dejaron todo para intentar la curación del pequeño de la familia.

Ana María y Víctor profesan un cariño conmovedor a Óscar, que les agradece las atenciones con sonrisas y miradas cómplices. Es la parte más hermosa de una historia hermosa.

Ana María y Víctor -y el resto de los Saloj- han vivido y viven pendientes del buenazo de Óscar, cuidan de él con un mimo y una delicadeza que desarman. Siempre ha sido así. «Mi mamá nos contó que, cuando era bebé, podía incluso ponerse de pie. Pero con el paso del tiempo, fue empeorando. La enfermedad creció con él. Mi papá, que sabe de carpintería, le hizo su primera silla de ruedas... Y así fuimos pasando», recuerda Ana María.

Que nadie se equivoque: ella y Víctor no sienten compasión por Óscar: le admiran. «Es una persona discreta, muy válida y, sobre todo, valiente. Se merecía esta oportunidad», afirma Víctor.

Cinco quetzales

Cuando el trío llegó a Granada, hace ahora cinco meses, la situación del paciente era dramática. Su cuerpo era un caos completo. Cada músculo de Óscar adoptaba sus propias y anárquicas decisiones. Un desastre y un suplicio. Observar una distonía en pleno apogeo produce una profunda desazón. Sin embargo, la sonrisa de Óscar nunca naufragaba en la tremenda marejada de temblores y espasmos.

Cuando los Saloj aterrizaron en Granada -tras un accidentado viaje repleto de escalas- el día 23 de octubre de 2007, el chaval traía como equipaje su sonrisa y cinco quetzales -medio euro- para Esperanza Pereda, la coordinadora en Granada de Senderos de Maíz. Esperanza guarda ese dinero como lo que es: un tesoro. «Para ellos es una fortuna. Debe haberle costado mucho ahorrarlos...», dijo emocionada la responsable de la 'oenegé' a IDEAL pocos días después de la llegada de Óscar.

Todos eran conscientes de que el joven iba a someterse a dos delicadas y arriesgadas intervenciones quirúrgicas en el cerebro, pero pesaba más el deseo de Óscar de mejorar. Aunque fuera sólo un poco. Tenía las ideas muy claras.

No se equivocó. La decisión fue acertada. La primera operación fue el 12 de diciembre de 2007 y la segunda, el pasado 13 de marzo. Y el resultado ha sido alentador: los movimientos involuntarios han quedado reducidos a su mínima expresión.

Óscar ha firmado la paz con el que hasta ahora había sido su mayor enemigo: su cuerpo.

carlosmoran@ideal.es
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