La única entrada posible, por el cuartillo que utiliza actualmente la cofradía del Santo Sepulcro, es una prueba de nervios para los que padecen claustrofobia. Entrar al lugar, para realizar este reportaje, fue un auténtico regreso al pasado, ocho personas tuvieron que retirar muebles y enseres, además de pelear con la cerradura durante varios minutos El hermano mayor, Abraham Ortega, prefirió no pasar porque el lugar, ciertamente, sobrecoge y el ambiente es opresivo y oscuro. Dos niños, Adrián e Iván ni se lo pensaron para escalar hacia el interior y Javier, el fotógrafo, buscó mil ángulos para plasmar una experiencia inédita. Nada más abrir la puerta metálica, un montón de calaveras. Sin premeditación, hay una que sobresale con un agujero en la cabeza y mirando de frente a los que osan perturbar la oscuridad. Un olor seco y polvoriento avisa a los temerosos. «Como te ves yo me vi, como me ves te verás».





