-Cambió la abogacía por la literatura. ¿Mejor escritor que abogado?
-He escrito desde antes de ser abogado. Supongo que lo que al final encontré fue mi camino.
-Ha dicho que no mantiene una buena relación con el relato breve y que cuando lo ha hecho ha sido casi por encargo, aunque haya disfrutado con ello.
-A veces, cumpliendo un encargo lo he pasado muy bien y haciendo algo que se me ha ocurrido a mí lo he pasado muy mal. Depende del acierto y la coyuntura que te rodee. Creo que al final todos procuramos ser lo más libres posibles, aunque no enteramente. De un encargo puede salir buena literatura y hay grandes obras que son fruto de un encargo. El género breve para mí es menos espontáneo y se me ocurren menos historias cortas.
-¿Qué influencias reconoce en su obra?
-Variadas y hasta contradictorias, que van desde la novela policíaca americana hasta la novela centroeuropea del primer tercio del siglo XX que nada tienen que ver. También me influyen Proust de Sender. Creo que un escritor se hace de un puzzle de lecturas.
-Afirma que cuando uno decide arriesgarse a impresionar la sensibilidad ajena puede salir trasquilado. ¿Le ha ocurrido con frecuencia?
-Supongo que hay miles de lectores que han leído un libro mío y no les ha gustado.
-Eso es como poner las críticas y los halagos a igual nivel.
-Hay que aceptarlo y el que no lo hace tiene un problema de madurez personal y como creador. Un creador no puede aspirar a deslumbrar a todo el mundo, salvo que tenga la convicción absoluta de que es un genio y yo no la tengo.
Repetirse
-Para no ser un genio y si no he contado mal son 28 los libros publicados. ¿No le parece excesivo el número como para no repetirse?
-Quizás me haya repetido algo. Tengo cinco libros con los mismos personajes pero la vida te ofrece cosas para ir renovando el material.
-Borges decía que en el fondo los premios son, casi siempre, malos entendidos y una anécdota sin importancia. Usted acumula algunos importantes. Tras ser finalista del Nadal con 'La flaqueza del bolchevique' en 1997 lo obtuvo en 2000 con 'El alquimista impaciente'. ¿Opina como Borges?
-Seguramente son un malentendido aunque para mí han sido importantes porque un premio como el Nadal tiene una tradición que a cualquiera le enorgullece. También soy consciente de que los premios son aleatorios porque con la mía concurrieron 650 obras y si el jurado hubiera sido otro el finalista no hubiera sido yo.
-¿Escribe usted literatura juvenil con una función pedagógica?
-A esa palabra, como a 'didáctica', le tengo un poco de prevención porque encierran un sentido perverso aplicadas a la relación autor-lector. El autor no puede creerse superior al lector y para establecer un diálogo hay que tratar al otro con igualdad y dejarle su espacio. Eso significa no venderle un discurso ni darle una moraleja ni un mensaje cerrado.
-'La flaqueza del bolchevique' fue llevada al cine con usted como coguionista. ¿No pierde la literatura cuando se traduce en imágenes?
-El libro está ahí y ha tenido nuevos lectores después de la película. El cine es otra forma de contar la historia. Son compatibles y se pueden enriquecer recíprocamente en la medida que no intenten suplantarse.
-¿Cómo afecta Internet y las nuevas tecnologías a la creación literaria?
-Dan nuevos espacios para que escritores que no tenían lectores los tengan y para quienes no practicaban la literatura por medio de los canales convencionales ni dentro de la industria la practiquen. Creo que el 'blog' es ya un género literario, que te puede gustar manos o menos, pero que da un cauce de expresión a gente que no lo tenía a través del mercado editorial. Y además es interactivo.





