CONSEJOS
Para Díaz, la clave está en los padres. «Ellos son los responsables de planificar la agenda de sus hijos. Depende de ellos el dejar a los pequeños delante de la televisión sin control de lo que ven o dedicarles tiempo y llevarlos al campo», reflexiona. En lo primero, en la falta de control, estaría la clave. Este especialista considera fundamental que «los padres acompañen a los niños a la hora de ver la televisión para servir del filtro de los contenidos, para que maticen y contextualicen lo que los más pequeños están viendo. «Un niño de once años ya tiene madurez suficiente para diferenciar lo que es real y lo que no; lo que es un juego o no. Ahora bien, el problema puede aparecer en niños con problemas de madurez. Aquellos que estén menos preparados intelectualmente, con familias que no los acompañen y que, por lo tanto, sean más vulnerables», explica el psiquiatra infantil. Y añade que no está demostrado que el número de horas sea directamente proporcional al daño que pueda causar en el niño. Más bien, el problema es el que esté delante de la caja tonta solo.
Valores humanos
Para evitar que estos luchadores falsos se conviertan en los ídolos de los niños, este experto aconseja que los padres expliquen el contenido, que respondan a las dudas que tengan los niños y que, de algún modo, les desvelen que todo es un espectáculo trucado. De este modo muchos puedan llegar a desmitificarlos sin mayores traumas. «Sorprende lo que los niños llegan a identificarse con los juicios de los padres», concluye Francisco Díaz.








