El 43% de los jóvenes de 18 a 20 años, según el último estudio de la Fundación Santa María, se define como de izquierda o de extrema izquierda. Enfrente, sólo el 8% se autocalifica de derecha o extrema derecha. El resto se reparte entre el centro y la ausencia de contestación. El dato es llamativo porque la franja de edad inmediatamente anterior, la que corresponde a los adolescentes, es mucho más conservadora en sus opciones políticas.
Sin embargo, la identidad política de los jóvenes no es una verdad inamovible. Como destaca el sociólogo Javier Elzo, director de los estudios de la Fundación Santa María, «cuando el Gobierno es de derechas, aumenta el número de jóvenes que se identifican con la izquierda, y cuando el Ejecutivo está ocupado por un partido de izquierdas, los jóvenes tienen a identificarse en mayor medida con la derecha». Elzo lo interpreta como un indicio «de una cierta rebeldía», de un sentido de oposición al poder que en todo Occidente es un signo de identidad de los jóvenes desde hace mucho tiempo. Si esa tendencia pendular en la autocalificación ideológica se mantiene, ahora serán más de derechas de lo que eran en las elecciones de 2004.
En aquella ocasión, según todos los estudios que se han realizado, la movilización de los electores que lo eran por vez primera fue muy superior a la habitual porque en apenas unas horas, justo antes de abrir los colegios, caló la idea de que estaban siendo engañados. Es difícil que ahora se produzca una movilización semejante, salvo que de nuevo ocurra algo inesperado y muy trascendente. Una estimación razonable, a juicio de Elzo, es que el voto depositado en las urnas por los nuevos electores dé un empate virtual entre los dos grandes partidos, porque el PSOE cuenta con más simpatías pero habrá mucha menos abstención entre quienes se sienten inclinados a votar por el PP.
Propuestas y tendencias
Ahora bien, ¿qué impacto tienen sobre su intención de votar los mensajes que están lanzando los candidatos? ¿Cómo encajan las propuestas con la forma de ver el mundo, con las preocupaciones de los jóvenes?
El punto de partida es que las cohortes de población que hoy tienen en torno a 20 años están formadas por los jóvenes más liberales de Europa. Hijos de la generación que maduró en la Transición y asumió como propios los valores de Mayo del 68, han recibido la educación más permisiva. No se encuentra en todo el continente, quizá con la única excepción de Holanda, una juventud tan tolerante y opuesta a reglamentar los aspectos privados del comportamiento de las personas. Por eso, son casi unánimes al aceptar el aborto, el divorcio o la eutanasia. Pero, como apuntan en varios estudios Andrés Orizo, María Silvestre y el propio Elzo, a cambio tienen escaso o nulo aprecio por valores como la disciplina, la abnegación o el trabajo bien hecho.
Pero eso no está saliendo en campaña. Sí se ha hablado, en cambio, de la adopción por parte de los matrimonios homosexuales. Algo de lo que los jóvenes se muestran claramente partidarios. Menos que del hecho mismo de que los homosexuales puedan casarse, pero sí favorables en buena medida. Como en otros aspectos de la regulación sobre aspectos de la vida privada, aceptan mejor la adopción por parejas integradas por personas del mismo sexo quienes se definen de izquierdas, las chicas, quienes tienen un mayor nivel cultural y más alto origen social. Y un aviso para caminantes: en este aspecto son más conservadores quienes ahora están en la ESO que quienes acaban de alcanzar la edad de votar. Los especialistas advierten de que está empezando a consolidarse un grupo de jóvenes, que según los distintos estudios se situaría en torno al 10%, que muestra patrones de intolerancia evidentes, con manifestaciones visibles de machismo y racismo.
Inmigrantes
Racismo vinculado a la inmigración, que es otro tema que ha consumido bastante tiempo de la precampaña y la campaña. Elzo advierte aquí de la existencia de un doble discurso. Por una parte, los jóvenes coinciden públicamente en los argumentos de lo políticamente correcto: los inmigrantes son necesarios, aportan variedad y riqueza a la vida social, etc.
Pero luego comienza a detectarse no tanto un rechazo como una cierta prevención hacia algunos grupos. De momento, no hacia los latinoamericanos, pero sí hacia los africanos y los asiáticos. «No advierto en los jóvenes felicidad por la variedad racial que se encuentra en nuestras calles», explica el sociólogo vasco. «La aceptan porque es lo que les han inculcado sus familias, pero preferirían seguir hablando y relacionándose sólo con los de su grupo». Hay incluso un colectivo ya no insignificante que empieza a ver a los inmigrantes como competidores: son los menos formados, que están viendo que los extranjeros pueden arrebatarles empleos. De ahí que se esté extendiendo entre los jóvenes la idea de que inmigrantes sí, pero que se porten bien.
La inseguridad es otro capítulo que les preocupa y que puede moverlos a votar en uno u otro sentido. Las encuestas apuntan que están empezando a pedir más orden, aunque eso suponga adoptar medidas que restrinjan su libertad. La sensación es que ahora resulta más peligroso ir al colegio o salir a hacer botellón que hace unos años. Por eso piden protección y por eso también -para algunos, sorprendentemente- la Policía ha ganado puestos en la clasificación de las instituciones que les merecen respeto.
Al final, el voto, para quienes acudan a las urnas, obedecerá a una conjunción de elementos, entre los que está la percepción de la imagen de los candidatos, las propuestas que se hayan puesto sobre la mesa y hasta el balance que los medios de comunicación hagan del resultado de los dos 'cara a cara' entre Zapatero y Rajoy. Pero el mensaje de que es necesario sacar de la calle a quienes delinquen tiene grandes posibilidades de calar entre los jóvenes.





