-¿Qué debe tener un buen microrrelato?
-En primer lugar, expresividad máxima con el mínimo de palabras, ya que lo que se muestra es la esencia de una historia. Después, todo lo que se cuenta debe ser significativo. Y no estaría mal que su mecanismo de precisión estuviera compuesto a partes iguales por alma, poesía y matemática. No hay que confundirlos con chistes u ocurrencias, se trata de fulgores genuinos, de disparos a bocajarro al lector, más o menos amables, dirigidos a su inteligencia, a su corazón o a sus certezas, pero siempre eficaces y consecuentes y, sobre todo, cargados de sustancia narrativa.
-¿Se siente cómodo con la etiqueta de autor de literatura fantástica?
-Llevo con mucho orgullo ese distintivo, soy casi su paladín: desde hace treinta años siempre he trabajado en torno al extrañamiento, a lo fantástico, y espero seguir haciéndolo el resto de la vida. Mi visión de las cosas es extraña, pero la realidad lo es aún más. De ahí surge lo fantástico en mis relatos, mi interés en crear mundos alternativos, atmósferas enrarecidas donde lo excepcional, lo inesperado y lo inquietante tienen tanta vida propia como lo supuestamente real. Creo que la razón no agota las respuestas posibles y que lo fantástico amplía el foco sobre la realidad, permitiendo llegar a los rincones más increíbles.
-¿Qué es 'Astrolabio'?
-Es un conjunto de relatos independientes, un libro poliédrico, de una gran variedad de registros -siempre dentro de la brevedad y del fantástico-, con el que sigo fraguando mi peculiar universo y en el que me he permitido zarandear un poco el cuento tradicional. El título, además de apuntar a la diversidad de mundos que puede visitar el lector, remite a la unión de dos magnitudes distintas, lo colosal y lo diminuto, la explosión y la implosión, lo lejano y lo cercano. Hay revisitaciones históricas, relecturas mitológicas, piezas policíacas, metaliterarias, orientales, hay paradojas científicas, epifanías, juegos temporales, personificaciones de animales y objetos Uno de los primeros lectores de 'Astrolabio' me comentó que le había parecido casi un menú de Ferrán Adriá, muy variado, de sabores audaces y texturas sorprendentes. Y es cierto que ese ideal de depuración, de mezcla de magia, emoción y laboratorio ha estado siempre presente en mi obra.
-¿Escribir relatos en España es llorar o ha cambiado la cosa en los últimos años?
-Sigue siendo un género menospreciado o erróneamente entendido, y eso que hablamos de la matriz misma de la literatura y del más idóneo para estos tiempos. Es cierto que va suscitando un mayor interés, que hay cierto aparato teórico, más medios efímeros donde publicar y una legión de cultivadores, pero sigue resultando muy difícil acceder a las escasas editoriales importantes que se dedican en exclusiva al relato. Lo que sí se ha acentuado aún más es la censura comercial, que impide publicar algo que no garantice de antemano su venta. El relato es, junto con la poesía, el último reducto de una literatura íntegra, independiente y sin las cortapisas del mercado, el campo de batalla ideal para la búsqueda de nuevos límites.
-Ha ganado numerosos certámenes literarios, pero sigue siendo poco reconocido en el panorama nacional. ¿Los premios no lo son todo?
-La invisibilidad es elegante, y nada extraña si sólo te has dedicado durante décadas a escribir -con una pasión tranquila y solitaria- relatos breves y además fantásticos. Me temo que en ese cauce paralelo a la literatura comercial hay autores y obras muy interesantes que apenas llegan al gran público. Mi amigo y excelente escritor Manuel Moyano suele quejarse de que los autores que intentamos cultivar una literatura fantástica seria, de calidad, nos movemos en una especie de tierra de nadie: somos repudiados por los seguidores del realismo y por los frikis de la fantasía. Respecto a los premios, depende, imagino que hay ocasiones en que son un buen trampolín, otras sólo un estímulo momentáneo, un alivio financiero o incluso una maldición.
-¿Qué pretende con sus relatos, porque en todos ellos hay cierta invitación al pensamiento, a la reflexión?
-Por ejemplo, aunar la precisión y belleza del lenguaje con la singularidad de la historia. O, más allá del desafío formal, ver lo que no es obvio, lo que se oculta bajo la fina película de la realidad, violentar las reglas de lo posible, poner en pie perspectivas insólitas, lograr cierto vértigo, que el lector se cuestione las bases de esa realidad.
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