POSTURAS ENCONTRADAS
La polémica surgió cuando el barrio, enervado por el anuncio de la apertura de un crematorio contra el que mantiene una lucha, se enteró de que en la zona estaba también previsto un centro de rehabilitación de toxicómanos, en una parcela de suelo dotacional que el Ayuntamiento comprometió con la ONG para que pudiese unificar, en un moderno edificio, los servicios que ya presta en Motril.
«Me parece fabuloso lo que hace Proyecto Hombre, yo mismo soy socio colaborador y doy dinero y ropa y lo que haga falta, pero el barrio prefiere no tenerlo cerca y esto es así. Este es un barrio de periferia, con muchos niños pequeños, con padres muy sensibilizados con los secuestros y tenemos miedo», admite el vicepresidente de la Asociación de vecinos, Francisco Mora.
Lo que otros no quieren
«Más de cien personas nos reunimos y por unanimidad dijimos no», advierte Mora, portavoz de una de las urbanizaciones que no quieren a los chicos de Proyecto Hombre como vecinos. En este barrio motrileño tienen la sensación de que les están adjudicando «lo que otros no quieren». Los ánimos de los vecinos están bastante exaltados para rechazar ambas instalaciones.
En cuanto al promotor de nuevos edificios en la zona, está dispuesto a luchar con uñas y dientes contra el centro. Y es que cuando se han invertido más de 15 millones de euros para construir 140 pisos y unifamiliares en el barrio, con las correspondientes cargas urbanísticas, los discursos solidarios quedan a un lado. Lo reconoce el promotor Adolfo Soria, que ha comprometido por escrito a los vecinos, ejecutar gratis el proyecto de una biblioteca o lo que ellos decidan, además de invertir 50.000 euros en las obras, si rechazan el centro de Proyecto Hombre. El promotor se siente engañado por el Ayuntamiento. «A mi el anterior equipo de gobierno me dijo que ahí iba una biblioteca, siempre. Nos dicen otra cosa y no firmamos. «A mí me da igual lo que pongan, pero los vecinos no lo quieren y se ha creado alarma social», añade.
La empresa tiene la mitad de los pisos vendidos y, nada más conocer lo del centro de rehabilitación, asegura que le empezaron a llegar clientes dispuestos a perder lo entregado y rescindir los contratos. «Yo en el centro ni entro ni salgo, pero los que compran no lo quieren y yo soy un empresario, dime tú qué hago yo con lo invertido. Si es que 'centro de rehabilitación de toxicómanos', nada más que el nombre echa para atrás», comenta el constructor dispuesto a «ir de la mano» de los vecinos en esta lucha. Por su parte, el Ayuntamiento de Motril está a favor de la construcción del centro, sin embargo el propio alcalde dijo a los vecinos que tienen derecho a decidir lo que quieren -y lo que no- en su barrio por lo que no se lo impondrá y está dispuesto a buscar otra ubicación.
Tarde
Pero para Proyecto Hombre, que ya tiene su proyecto arquitectónico terminado en función de esa parcela y todas sus esperanzas puestas en el proyecto, es demasiado tarde para cambiar. En la ONG se han llevado un auténtico palo con la actitud de estos vecinos que, a su juicio, han dicho no antes siquiera de escucharles y de saber qué se va a hacer en este polémico centro y de qué van los programas de rehabilitación que, por cierto, no son médicos y no incluyen la dispensación de metadona. De hecho, ni siquiera tienen heroinómanos ahora mismo en tratamiento. Se trata de aglutinar en un moderno centro construido sobre una parcela municipal de 600 metros cuadrados los servicios de rehabilitación y piso de acogida que ya presta Proyecto Hombre en sus dos centros de Motril.
La ONG tiene un piso en el que conviven diez personas que están saliendo de la droga -acompañados 24 horas por sus terapeutas y voluntarios- y otro centro para su programa de rehabilitación.
El fundador y responsable de Proyecto Hombre Motril, Ignacio Peláez, un auténtico sacerdote coraje que lleva 21 años luchando por sacar a los jóvenes de la droga, apela a varios informes presentados a los vecinos que avalan la seguridad de los centros de rehabilitación y la necesidad de que estén dentro de la ciudad. «Dicen que ha sido rechazado en otros barrios y es falso, sólo se intentó una vez en un solar cedido por el Ayuntamiento y el alcalde de aquel entonces claudicó ante la postura incomprensible y vociferante por parte de unos 15 vecinos en un barrio de más de dos mil», lamenta.
Ni un problema
Peláez recuerda que 21 años en Motril no han tenido «ni un solo problema» con los vecinos de sus centros e insiste en la necesidad de dignificar las condiciones en un nuevo centro moderno que se adapte a las nuevas normativas de la Junta. «Deducimos que el promotor este del que ni siquiera nos dicen el nombre es el que está soliviantando a los vecinos y haciéndoles promesas», subrayó el sacerdote.
«Señor promotor ¿qué le mueve a hacer esa campaña? ¿Su amor entrañable al barrio? ¿su enorme preocupación por la cultura? ¿El dinero es suyo o es de lo cobrado ya a los vecinos? ¿Es su incontenible espíritu de de servicio a favor del barrio?», sigue Peláez. Por último, el cura lanzó un mensaje a los que se oponen al centro: «Ojalá nunca precisen de nuestros servicios para un hijo o familiar cercano, pero si los necesitan tengan por seguro que nos encontrarán y estaremos a su servicio». El joven V., de 22 años, trabaja en la construcción -aunque ahora está de baja mientras desarrolla su programa para rehabilitarse- es guapísimo, simpatiquísimo, un niño sanote, lleno de valores y ningún vecino tendría miedo de que estuviese cerca de sus hijos. Y sin embargo V. ha estado enganchado a la droga y es uno de los chicos que rondarían el centro de Proyecto Hombre, donde está logrando rehabilitarse. «No somos el típico quinqui, eso ha cambiado, la gente tiene una imagen distorsionada y por eso tienen prejuicios. Si yo no lo digo en mi casa, ni se enteran», comenta el chaval.
Otro de los jóvenes -en la actualidad hay diez que siguen el programa- J., asiente: «Yo trabajaba en una inmobiliaria y ninguno de mis compañeros notaba nada». El día que tocaron fondo y decidieron vivir libres y sin drogas encontraron a Proyecto Hombre, con su veintena de entregados voluntarios y terapeutas, dispuestos a obrar verdaderos milagros. Y lo consiguen. Desde el primer día los chicos aguantan «a pelo», las terapias y los valores que les infunden -como compromiso, responsabilidad, respeto y amor- son sus únicas armas contra el enemigo que siguen llevando dentro. Unos 50 hombres pasan cada año por el piso de Motril donde están acompañados 24 horas al día por sus terapeutas o monitores.
Además cuentan con los voluntarios que les llevan a hacer senderismo, actividades deportivas -como Rafa el cañero entrenador de fútbol que entre gol y gol les enseña a ser mejores personas- y algunas, como Isabel o Paco, que desde hace muchos años, «les dan su vida entera». «Si hay un centro cerca, los drogadictos van a huir, es al revés. Hay mucho desconocimiento», lamenta otro de los internos, que presume de lo bien que se llevan con sus vecinos del barrio Barranco de la Higuera, que hasta le recogen el correo. Tienen el piso limpio como un jaspe, reciclan, se organizan perfectamente y «comemos todos los días como si fuera un bautizo», dicen entre bromas.
«Estamos recuperando valores, no nos vamos a pelear en la calle, ni nada raro, todo lo contrario», añaden, para tranquilidad de los vecinos.








