La niña salió de su piso sobre las seis menos diez de la tarde camino de la casa de una compañera del colegio para hacer los deberes juntas. Ambas están cursando primero de la ESO.
Cuando la niña iba andando por la acera escuchó varias veces una voz que salía de la ventanilla de un coche. El conductor le decía una y otra vez que se subiera mientras circulaba a muy baja velocidad para ir la par que la menor. Según la versión de la menor, tan sólo se le veía la boca y los ojos, pues el conductor llevaba puesto un pasamontañas.
Según relataron ayer los padres, la niña comenzó a andar de forma más rápida, ya que no entendía muy bien lo que estaba ocurriendo. Según indicaron los padres, era la primera vez que un desconocido le pedía que se subiera al coche con voz autoritaria. Cuando iba a la altura de las dependencias de Apiema, la asociación de minusválidos de Atarfe, en la misma calle donde vive, el conductor aceleró y a unos metros paró en medio de la calle. Bajó del coche y se colocó delante de la niña.
Cristales oscuros
Con todas sus fuerzas la abrazó y tras arrastrarla haciéndole presión en los hombros, para inmovilizarle los brazos, la introdujo a la fuerza de un empujón en la parte trasera del vehículo. El coche llevaba los cristales oscuros.
La menor nunca olvidará, según relató una y otra vez a sus progenitores, que se acurrucó con sus pequeñas manos en torno a su cabeza. Ella pensaba que la iba a matar, y que nunca más podría ver a sus padres.
Sin embargo, una joven de unos 19 años de edad, según indica la menor, fue la que llegó con su ciclomotor a la altura del automóvil y comenzó a decirle que se bajara. A la vez abrió la puerta que no tenía el seguro puesto, y tras repetirle que saliera del coche en dos ocasiones, la niña le tendió la mano y la sacó del turismo.
La menor recuerda que mientras salía el hombre con el pasamontañas intentaba meter una marcha, pero estaba muy nervioso y le temblaba la mano, por lo que cuando comenzó a andar, la menor estaba subiéndose al ciclomotor de color negro y amarillo de su salvadora. La joven que le sacó del coche le dijo: «Pon un pie aquí». Frase que recuerda la menor con gran alegría ya que fue el instante en que la pesadilla empezaba a terminar. El conductor -todavía con el pasamontañas puesto-, persiguió a la motocicleta por varias calles. Sin embargo, lo despistaron rápidamente por las callejuelas del casco urbano de Atarfe.
La joven del ciclomotor, tras preguntarle a la niña, la dejó en casa de la amiga con la que había quedado para estudiar. Cuando la menor entró en la casa de la amiga su cara estaba totalmente blanca y lo único que pudo hacer es contárselo a la amiga y después regresar a su casa.








