
FICHA
-¿Qué ocurrirá el próximo 11 de enero cuando cumpla 75 años? ¿Es la edad de jubilación de los obispos?
-Yo cumplo 75 años el día 11 de enero y según está prescrito en el código de Derecho Canónico los obispos tenemos que escribir al papa prácticamente poniéndole la diócesis a su disposición. Puede ser al día siguiente, cosa que no ha ocurrido nunca, pero puede ser al mes, a los seis meses o al año cuando el Papa y sus consejeros decidan que se le pase a la situación de 'emérito' que es la forma de designarle en la Iglesia. Por tanto, continúa como obispo con todas sus obligaciones y lo hace hasta el momento en el que se nombra a otro obispo. La forma establecida es que se comunica el nombramiento del nuevo junto con el cese del actual obispo.
-¿Durante cuanto tiempo se puede prolongar?
-No lo sabemos. Sólo Dios lo sabe. No sabemos qué estará en la mente de Dios, del Papa o de la congregación de los obispos.
-Desde que usted fue nombrado obispo de Guadix ha estado muy presente en las distintas cuestiones de la vida de la diócesis, no sólo las religiosas, sino en otros como el conflicto de las minas de Alquife o el POTA, por poner algunos ejemplos. ¿Cómo valora su intervención en estas cuestiones complicadas?
-Son quince años y medio los que llevo en la diócesis. Examinando mi manera de actuar y mi comportamiento, tengo la tranquilidad de que siempre he hecho lo que tenía que hacer, según mi conciencia. Me ha citado las minas de Alquife, pues en ese caso creo que hice lo que tenía que hacer. No me remuerde la conciencia por haber actuado sin rectitud de intenciones, es decir, que siempre he ido buscando el bien de las personas, manifestarme como un mensajero del Evangelio, como un representante de Jesucristo y de la Iglesia en la diócesis. En estos quince años en Guadix no he querido defraudar ni a la Iglesia, ni a Jesucristo ni a nadie.
-Es sacerdote durante más cincuenta años, los últimos quince como obispo de Guadix. En este tiempo la sociedad ha evolucionado mucho, ¿cómo cree que ha sido su adaptación?
-Cincuenta y uno y medio -puntualiza-. Efectivamente, la sociedad ha cambiado mucho. Cuando yo empecé a ser sacerdote el día 26 de mayo de 1956 yo diría que la sociedad estaba casi en 'mantillas' en muchas cosas, aunque creo que la vivencia religiosa era más intensa. Quizá no se tenía tanta conciencia de pertenencia a la Iglesia porque corrían vientos favorables. La religiosidad en las gentes no sé si era más profunda, pero por lo menos se practicaba más. Quizá había menos convicción y se seguía el hecho religioso por costumbres o por herencias. Hoy día, quienes practican la religión lo hace de una manera más responsable.
-No sólo ha cambiado la sociedad, también la Iglesia.
-A los seis años de ser sacerdote se inició el Concilio Vaticano II que supuso muchas cosas, una renovación. A Juan XIII le preguntaron para qué convocaba el concilio y el contestó que «para que entrara aire fresco en la Iglesia» y efectivamente eso se ha visto. Ha habido notables cambios en cuanto a las formas y otros muchos cambios para mejor, como una preparación más intensa para la preparación de los sacramentos. Sin duda ha sido un cambio a mejor.
-Cuando usted tomó posesión como obispo recuerdo que la ceremonia finalizó con una fuerte lluvia que obligó a trasladar el acto de la Plaza de las Palomas al interior de la catedral. En las bodas dicen que la lluvia es símbolo de prosperidad. ¿Cree que el suyo ha sido, hasta el momento, un pontificado próspero?
-Yo no soy quien para juzgar si mi pontificado ha sido próspero o no. Yo creo que estoy haciendo lo que tengo que hacer, como he dicho antes. ¿Que los frutos son prósperos o exiguos? Lógicamente yo quisiera que los frutos hubiesen sido abundantes. Desde mi punto de vista, hay cosas muy positivas y cosas que, porque la sociedad está menos sensibilizada para todo lo religioso o la pastoral, no lo son tanto, ha sido menos próspero. Pero en general yo estoy satisfecho de lo que hasta ahora he hecho y seguiré haciendo.
-¿Qué recuerda de su primer día en Guadix?
-Sí, la Plaza de las Palomas, tan bonita, tan llena de gente. Recuerdo que vinieron de Toledo, de algún pueblo de Toledo. Un recuerdo muy grato fue la actuación de los coros, la Escolanía dirigida por Don Carlos -y otros coros- y me impresionó muy gratamente su modo de interpretar los cantos litúrgicos. Pero no sólo quedé yo impresionado, muchas otras personas que venían de fuera también me lo comentaron.
-Hace unos años se especuló que la diócesis está garantizada ¿Lo ve posible?
-Yo no puedo predecir el futuro, pero por su pasado, sí está garantizado. Es una diócesis del siglo I que luego pasa por sus dificultades en época musulmana y que se restaura en el siglo XV y desde entonces ha tenido su continuidad y su trabajo. ¿Qué es más pequeña que otras? Sí, pero también las hay más pequeña que esta.
-Si es una diócesis más pequeña, también tendrá más dificultades. ¿Puede este ser el origen de aquella noticia?
-Yo puedo garantizar que es una diócesis viva, una diócesis que tiene su vitalidad y todo lo que pueda necesitar una diócesis. En menor escala, pero igual que en todas las diócesis. La diócesis debe seguir y seguirá.
-¿Nunca ha escuchado nada, ni le han preguntado sobre el particular?
-No se me ha preguntado nunca sobre su continuidad y creo que al primero que tendrían que preguntar o pedir informes sería al obispo. Cuando apareció esa noticia, un 10 de enero, realmente me sorprendió. En aquella ocasión lo puse en conocimiento de la Conferencia Episcopal y me dijeron que no había nada. En las alturas de la Conferencia Episcopal, me refiero a su presidente, secretario, ... no sabían nada y ni se les había comunicado tal cosa. Fue curioso que entre las diócesis que iban a desaparecer estaba la de Ciudad Rodrigo y a los pocos días, un mes escaso, se nombró un obispo nuevo para Ciudad Rodrigo y lo mismo ocurrió después con la diócesis de Jaca. Las dos estaban entre las que se dijeron que iban a desaparecer y se mantienen.
-¿Y si se le pregunta ahora?
-Si se me consulta yo apoyaré la existencia y el mantenimiento de esta de la diócesis por lo que antes le ha dicho.
-No sé si a nosotros se nos queda algo en el tintero, pero en su pontificado qué no le gustaría que no quedara en el tintero.
-Mi gran interés por el sacerdocio y la vida religiosa. Es algo que he tenido en mi pontificado como punto de mira y, sin embargo, he visto que no está suficientemente reconocido. Esto tiene su origen en lo que nos rodea, en la sociedad, que es comodona, y también en que realmente ser sacerdote lleva consigo un sacrificio. Es algo que no tiene humanamente una remuneración, pero que espiritualmente tiene la gran remuneración de sentirse amado por Dios.





