Pero lo cierto es que a un buen número de los agraciados con los premios mayores -especialmente, 'Gordo', Segundo y Tercero- les tentarán determinados sujetos para que les vendan los décimos. Y lo harán mediante un goloso incentivo: el pago de una prima, que oscila entre el 10% y el 20%, del importe total con que han resultado beneficiados. Muchas veces, en connivencia con empleados de entidades financieras, asesores o abogados, que actúan como intermediarios a cambio, a su vez, de una comisión.
Riesgos
Este tipo de transacciones en sí mismas no son ilícitas, no ocultan fraude, pues no hay engaño. Se transfiere un décimo premiado de particular a particular a cambio de una importante comisión. Todo legal. Pero los riesgos que asume quien vende son evidentes. Según advierte el colectivo de técnicos financieros del Ministerio de Economía y Hacienda (Gestha), la persona realmente agraciada y que sucumbe a la tentación de obtener más dinero por su décimo, difícilmente podrá acreditar ante una inspección de Hacienda el origen del dinero que ha ingresado en sus cuentas bancarias. De ahí a acabar con un acta de inspección cuya cuantía supere en más de la mitad del importe ganado, sólo hay un paso.
El defraudador, el que necesita 'blanquear' dinero negro, es el beneficiado pese a la prima que haya tenido que pagar. Éste sí podrá acreditar el carácter exento y lícito de los fondos con que cuenta. Hacienda no podrá hacer nada en su contra, pues la 'suerte' le ha sonreído en el más popular y tradicional de los sorteos que se celebran en España. De ahí que muchas de estas personas estén tocadas por la diosa fortuna: un año sí y otro también, sus décimos son premiados y sus cuentas bancarias no paran de engordar.
Según el secretario general de Gestha, José María Mollinedo, «un contribuyente con unos ingresos brutos anuales de 30.000 euros, que resulta agraciado con un premio de 300.000 euros y que vende su billete a un defraudador por 330.000 euros, puede acabar pagando al fisco más de 175.000 euros en el mejor de los casos, incluida la sanción mínima». Por el contrario el defraudador-comprador del billete, «que probablemente tributaría al 43% por la cantidad lavada, simplemente pagará el 10% y se ahorra el 33%, y, sobre todo, acreditará el origen lícito de esos fondos», afirma el responsable de Gestha.
No comprar
Ante la disyuntiva que se les puede presentar a cualquier poseedor de uno o más décimos premiados -con las participaciones no suelen intervenir los especuladores-, desde Gestha recomiendan que para evitar cualquier problema depositen sus billetes premiados en cualquier entidad financiera, la cual se encargará de gestionar el cobro de forma legal. También que rechacen cualquier oferta de adquisición del décimo premiado, pues el riesgo que conlleva es muy elevado y a la postre no compensa con el dinero extra a ingresar.
Recuerdan las mismas fuentes la amplia legislación existente dirigida a prevenir el blanqueo de dinero y las penas de prisión que contempla para los defraudadores.
miguelallende@ideal.es








