«Ningún resultado en Bali significa ningún Encuentro de Grandes Economías; no tendría sentido hacer más reuniones si no llegamos aquí a objetivos concretos», advirtió el ministro alemán Sigmar Gabriel refiriéndose explícitamente a los encuentros sobre calentamiento global iniciados por el presidente estadounidense, George Bush, en septiembre. Éste ha invitado a otras 16 potencias -incluidas la UE, Japón, China e India- a discutir un escenario de reducciones voluntarias nacionales en las emisiones, iniciativa que choca con los compromisos vinculantes que defiende la UE y la mayoría de países presentes en Bali.
A la vista del 'calentamiento' en Bali, el secretario ejecutivo de la conferencia de la ONU, Yvo de Boer, no pudo evitar mostrarse «muy preocupado» por la marcha de las negociaciones, y aseguró que todo el proceso «puede derrumbarse como un castillo de naipes» si no se produce un cambio antes del mediodía de hoy, día de clausura.
Palabra de Gore
En la 'mesa' de Bali reposan ideas como la del comisario europeo de Medio Ambiente, Stavros Dimas, que ofreció el compromiso de la UE de reducir sus emisiones en un 30% para 2020 si todos los demás países aceptan lo mismo. Junto a ella descansan las aportaciones de otras naciones que, en diferentes grados, quieren acuerdos. Pero EE UU escurre el bulto y elude referirse a cifras. Es más, la subsecretaria norteamericana, Paula Dobriansky, sólo habla de «flexibilidad» en los acuerdos para que éstos «integren a todos». «No tenemos que resolver todos los asuntos en Bali», añadió.
De Boer recordó que la aceptación por parte de EE UU del recorte de emisiones entre el 25% y el 40% sigue incluida en el preámbulo del texto del borrador que se debate, pero no dentro del apartado de las obligaciones vinculantes, tal como exigen muchos Estados.
Tras acusar a su país de ser el principal problema en Bali, Al Gore, defensor de adoptar límites concretos, vaticinó que Washington cambiará de postura después de las elecciones de noviembre de 2008: «No puedo prometerles que quien salga elegido defenderá mis ideas, pero es muy probable que así sea. Los científicos nos han advertido y no podemos retroceder, es demasiado tarde». Su compatriota Michael Bloomberg, alcalde de Nueva York, intervino también en Bali para instar a otras ciudades a seguir su ejemplo, ya que ha ratificado por su cuenta Kyoto.








