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Cultura-Granada
Ortuño desconocido
Los familiares muestran por primera vez las obras más íntimas del artista granadino que rompen con la imagen 'alpujarreña'
12.12.07 -

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EL artista José Ortuño (Granada, 1944-1999) murió con las botas puestas. Un paisaje de la Alhambra fue su última obra, un cuadro que no llegó a acabar. «Mi padre murió pintando», dice Sergio Ortuño quien prepara la que será «una visión diferente de la pintura del artista» a través de una exposición retrospectiva en el Centro Cultural Gran Capitán. «Vamos a exponer las obras que tiene la familia, de ahí el título de la exposición, 'Ortuño íntimo'», comenta el hijo del pintor granadino.

La mayor parte de las piezas de la muestra, un total de setenta, se exhiben por primera vez, «porque las hemos sacado de los fondos que teníamos», dice el representante de la familia Ortuño. «Se trata -dice- de una muestra retrospectiva en la que se hace un recorrido por toda la trayectoria artística de mi padre».

Los óleos son las obras más conocidas de Ortuño, pero también cultivó la técnica del pastel, la acuarela y el dibujo. «Están sus primeras obras, las de su etapa de París, Tenerife, Granada y Arabia Saudí, y hasta las que dejó inacabadas en su estudio», relata Sergio.

«Con esta exposición queremos mostrar que mi padre era conocido por la blancura de sus paisajes de la Alpujarra, y no cabe duda de que estas obras son muy importantes en su carrera artística, pero él era muy polifacético», comenta el familiar del pintor. «Hemos querido llamar la atención sobre ese otro Ortuño que tiene la misma calidad que su faceta alpujarreña, que hay un Ortuño diferente», añade.

De este modo, en la muestra se encuentran trabajos del artista de su etapa en la Escuela de Artes y Oficios de Granada, en la que ingresó con doce años, acudiendo a las clases de dibujo de Prados López. Poco después comenzaría a pintar del natural, sobre todo de las calles albaicineras, para adentrarse poco después en la comarca de la Alpujarra, donde quedó cautivado por la original arquitectura, hospitalidad de sus gentes y paisajes rurales que consiguió llevar por todo el mundo.

En la Alpujarra pasaba largas temporadas, pintando principalmente el barranco de Poqueira, los pueblecitos del municipio de la Tahá de Pitres, Busquístar, Trevélez y Pórtugos. «Mi padre empezó a ir a la Alpujarra cuando la carretera todavía era de tierra y era un lugar en el que se encontraba muy cómodo y donde encontraba los paisajes para sus cuadros», explica Sergio.

Al natural

Ortuño era de los pocos artistas de finales del siglo XX que aún pintaba del natural, «porque le gustaba aprovechar la luz, plasmar el momento, la fugacidad de las luces, los blancos, y es que se quedaba impresionado con los paisajes y pretendía capturarlos con sus pinceles».

Sergio reconoce que su padre también «pintaba y trabajaba en el estudio, sobre todo los retratos». Gracias a esta labor de retratista, José Ortuño pasó tres años en Arabia Saudí, «donde retrató a la familia real, pero también pintó algunos paisajes de Arabia Saudí, aunque todos ellos de carácter costumbrista».

En cuanto a la época parisina, Sergio Ortuño indica que «viajó a París muy joven, cuando tenía 17 o 18 años, gracias a una beca que le dio el Ayuntamiento de Granada, y allí realiza sus primeras obras, que eran acuarelas y pasteles, porque sería más tarde, cuando se encontraba más maduro, cuando empezó a emplear el óleo», indica Sergio. «La exposición -añade- permitirá ver la evolución artística de mi padre, desde unas primeras obras con unos trazos poco elaborados a ese estilo más perfeccionista».

Artesanal

No obstante, este hijo del pintor granadino matiza que «existen obras que pueden dar la sensación de estar poco acabadas, con trazos insinuados, pero si nos fijamos bien están muy elaboradas. A veces, en lo más simple está la mayor complejidad».

El artista era una especie de cazador de esencias, en el sentido de que más que estilos artísticos -siempre figurativo próximo al impresionismo- pretendía capturar algunos aspectos de los maestros.

«A mi padre le interesaban pintores como Sorolla, Velázquez, y los blancos de Zurbarán, pero fundamentalmente los impresionistas», narra este otro Ortuño. «Lo que hacía era fijarse en un artista, coger la esencia y hacerla suya», concluye. Pintor de albaicines y alhambras, los últimos paisajes de Ortuño están centrados en la zona alta del barrio del Realejo, donde residía, unas obras que también podrán ser contempladas en la exposición dedicada a un Ortuño de interiores e íntimo.

jltapia@ideal.es
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