
Acompañada de su padre y de Irene Jacob, se sorprende de la expectación. ¿Presión por ser la hija de Paul Auster? «Para nada. Siempre me da muy buenos consejos y aprendo mucho con él. Para mí es un privilegio», contesta, ante la mirada orgullosa del viejo. A ambos se les cae la baba y parecen formar un buen equipo. Él financió su debut musical, 'Sophie Auster', un disco de aire cabaretero y melódico en el que resuenan poemas de Verlaine, Tzara, Apollinaire y, cómo no, de Auster.
«Ya estoy preparando mi siguiente álbum», anuncia Sophie con su mirada felina. «Lo produce Barry Reynolds y será más personal. Tendrá más rock y blues que el anterior y yo misma he escrito algunos temas», presume. Canta, actúa y escribe canciones. ¿Se atreve también con novelas? «Noooo. No escribo como mi padre», se disculpa. «Siempre he querido cantar y actuar. Son disciplinas relacionadas y me gustan mucho ambas. Sería estúpida si no aprovechara estas oportunidades», contesta.
«Mi propio camino»
¿Y cuándo dejará de estar bajo la protección de su padre? «Creo que las cosas tienen su flujo natural», contesta, precavida, mientras Paul Auster escucha con atención e Irene Jacob sonríe con curiosidad. «Todavía soy muy joven y me gusta que mis padres me den su aprobación antes de lanzarme a hacer cualquier cosa. Pero ya empiezo a sentir que tengo que ir sin protectores. Debo seguir mi propio camino. Durante los dos últimos años, desde que presenté mis canciones, he vivido mucho y ahora tengo más experiencias», descubre. Su papel en 'La vida interior de Martin Frost' es el más importante que ha tenido, después de coquetear con la pantalla en 'Washington Square', de Agnieszka Holland, y 'Lulu on the bridge', otra cinta de su padre. ¿Qué hay de esa película que se dice que va a rodar en España? «Tengo un proyecto importante», admite y paso seguido busca en su padre ese famoso consejo. Parece que a Paul Auster la separación de Wayne Wang, con quien gestó películas como 'Smoke' o 'Blue in the face', no le ha sentado nada bien. 'La vida interior de Martin Frost' tenía que ser su consagración como director, pero se ha quedado en un mero tanteo. Un escritor (David Thewlis) se retira a una casa de campo con la intención de escribir y una mañana, al despertarse, se encuentra al lado de una bella mujer. Nada menos que Irene Jacob. Tras el envidiable susto, la situación se aclara y ambos inician una relación que inspira al literato, quien termina por darse cuenta de que ella es su musa y que la matará cuando termine su obra. Lástima que este fascinante punto de partida derive en una película farragosa.








