
'LA BATALLA DE HADIZA'
Broomfield reconstruye desde todas las perspectivas posibles -los marines, los insurgentes y los ciudadanos iraquíes- uno de los más terribles episodios de esta contienda. El 19 de noviembre de 2005, una bomba mata a un soldado norteamericano en Hadiza. Sus compañeros entran a sangre y fuego en las casas donde se supone se esconden los autores del atentado. Asesinan a 24 personas, muchas de ellas mujeres y niños.
«He querido retratar esta guerra desde todos los ángulos», proclama Broomfield, que ayer presentó el filme en Madrid. «No hice la división de buenos y malos habitual del cine bélico, quise ir más allá para entender lo que está pasando y me centré en el aspecto humano». Rodada con una técnica próxima al documental, 'La batalla de Hadiza' está protagonizada por actores no profesionales, entre ellos ex marines. «Fue complicado porque son soldados, no están acostumbrados a esperar entre toma y toma. Pero el impacto que produce la interpretación de Elliot Ruiz -ex cabo de los marines que estuvo a punto de morir en Tikrit- hubiera sido imposible para un actor. Sólo se puede expresar ese dolor, angustia y profundidad si lo has vivido».
Broomfield no oculta que su tercera película ha molestado en Estados Unidos, aunque la taquilla no ha ido mal. «Los americanos que la han visto dicen que es equilibrada y bastante justa. A muchos de ellos les avergüenza esta guerra». Para este prestigioso documentalista, uno de los problemas más graves que tienen los soldados norteamericanos en Irak es su falta de contacto con la población. «Están aislados. Hice la película para mostrar que la humanidad está en todas las situaciones por trágicas que sean. Y algo positivo conseguimos, porque los marines y los iraquíes del filme se hicieron amigos, y eso que al principio hubo hostilidad y bastantes discusiones».
Broomfield nunca temió «hacer un filme propagandístico». Entiende «lo fácil que es culpar a unos chavales de 17 y 18 años entrenados para disparar primero y preguntar después». El director apostilla que ahora le toca hacer al Ejército «el peor trabajo, el que no hacen los agentes de seguridad privada, profesionales que se han apropiado de la guerra».





