Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Granada

Estás en: Ideal > Local > Granada
GRANADA
Una protesta de antisistemas convierte el centro de Granada en una batalla campal
La manifestación ilegal coincidió con la misa en la Catedral por Franco Hubo varias cargas de la Policía Nacional, decenas de heridos, cuatro detenidos y numerosos destrozos por el vandalismo en el casco urbano

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Los extremos se tocan. Se tocan con insultos, maldiciones, calles arrasadas, contenedores quemados y escaparates hechos añicos. El 20-N trajo consigo una lamentable noche para Granada que terminó con una batalla campal en el centro de la ciudad. Una guerra de guerrillas entre miembros de extrema izquierda, antisistema, y la Policía Nacional se extendió desde Puerta Real hasta Plaza Einstein dejando a su paso cuatro detenidos y 'tierra quemada'.

Todo empezó a las 20.00 de la tarde, frente a la Catedral. Allí, varias decenas de simpatizantes de extrema derecha -algunos ataviados con uniformes de 'La primera línea''- cantan el Cara al Sol. Se dan fuertes golpes contra el pecho: «Por España, una, grande y libre». La plaza de las Pasiegas, así como todas las calles adyacentes, están flanqueadas por agentes de la Policía Nacional, escopeta en mano unos, escudos otros, todos con la porra preparada. «Por si acaso», dicen.

Con la excepción de un conato de pelea y un intercambio de insultos políticos («rojo de mierda», «puto fascista») entre dos jóvenes, la misa por Francisco Franco comenzó sin ningún problema. Una calle más abajo el silencio eclesial dejaba paso al griterío de una manifestación que atravesaba Granada desde Puerta Elvira. Cerca de medio millar de personas, se juntaban sin previo aviso a la autoridad con la intención de protestar contra el asesinato de Carlos, el joven que murió hace días a manos de unos neo nazis.

El grupo cruza Bibrrambla hasta tomar la calle Reyes Católicos. Frente a la sede de la ultra derecha granadina, alzaron su voz y gritaron con virulencia: «¿Esa bandera no es legal!», «¿Granada se va, la culpa es del fascismo!», Un sonoro «¿hijos de p...!» pone el punto y seguido a la manifestación, que ahora se dirige hacia Puerta Real. Su objetivo era llegar hasta la estatua dedicada a Primo de Rivera, frente al palacio de Bibataubín, donde estaba previsto que los miembros de la ultraderecha granadina se reuniesen después de la misa.

Un cordón policial les corta el paso en la Fuente de la Batallas. La masa de manifestantes se extiende desde el teatro Isabel la Católica hasta Correos. Frente a frente, policía y antisistemas, la delgada línea roja se hace cada vez más estrecha. Agarrones, insultos y gritos acrecentan una tensión abocada a reventar. Dos jóvenes se acercan a la policía, les encaran. Los agentes les empujan hacía atrás, lo que hace que se les echen encima decenas de manifestantes.

Un disparo anuncia la estampida; las porras bailan y terminan golpeando a uno de los provocadores en la cabeza, causándole una profunda herida. Pasmados, los viandantes se esconden bajo toldos, árboles y techos, de las piedras y botellas que lanzan contra la policía y observan como el escaparate de una cafetería queda hecho añicos.

Manifestación pacífica

Poco a poco la manifestación se vuelve a reunir en la Fuente de las Batallas. Las aguas siguen revueltas. Una chica vestida de morado toma el mando y se acerca a la Policía: «No hace falta la violencia ni vuestras pistolas. Esta es una manifestación pacífica». Y anima: «¿Carlos, tus hermanos no te olvidan!» Sentencia que todos repiten a coro.

Con el ánimo caldeado y la misa terminada, los ultraderechas rodean Puerta Real para llegar a la estatua frente a Bibataubín, bajo la atenta mirada de la policía. Cantan una vez más el Cara al Sol.

El ramo, por cierto, no duró más de cinco minutos encima de la estatua.

La Policía recibe órdenes: abandonar la plaza. La posibilidad de un enfrentamiento entre ambos extremos ideológicos estaba fuera de peligro. La turba de manifestantes, liberada del cordón de seguridad, se acerca hacia Bibataubín. «Aquí no hay nada que hacer», dicen. «Vámonos».

A través de Recogidas y Puentezuelas la masa empieza a dividirse formando varios grupos que toman distintas direcciones. El más grande, de unas veinte personas -la mayoría con la cara cubierta--llega hasta la calle Prosperidad, cerca de Pedro Antonio de Alarcón. Allí, vuelvan un contenedor de vidrio y usan las botellas para arrojarlas contra un club de billar al grito de «¿nazis, cabr...!». Los agentes, cargan. Del local atacado salen cuatro jóvenes rapados y armados con palos de billar. Tras este primer ataque, el centro de Granada se transforma en un campo de batalla.

Siguiendo el rastro

El rastro sigue hacia Gran Capitán, Carril del Picón y calle Tablas. Allí, un equipo de bomberos apaga un contenedor ardiendo. Los vecinos, perplejos desde sus balcones, indican a la Policía el camino que han seguido. Mientras tanto, en Puentezuelas, una barricada de policías tapona la salida y camina con firmeza en dirección a Tablas. Disparan contra un grupo de manifestantes que se mezcla entre alumnos que salían de clase, de la Facultad de Traductores. «¿Me han dado!», se duele un estudiante.

En calle Gracia, a eso de las 22.30, una chica que lleva toda la tarde participando activamente en la manifestación asegura que ya se están retirando. «Al menos por ahora, que nunca se sabe». Una noche que terminó con cuatro detenidos, cientos de moratones y un centro de la ciudad que, ahora más que nunca, entiende menos los extremos.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios

Buscar en ideal.es

Vocento
SarenetRSS