«Aquí hemos encontrado mucha comprensión, personas muy abiertas y decididas a echarte una mano con tus problemas. Aquí te resulta más fácil integrarte». Jonatan es un adolescente ecuatoriano, en su clase sólo había ayer tres escolares españoles, del Zaidín. Ramón era uno de ellos. «Yo me encuentro muy bien con mis compañeros. Nos entendemos muy bien. Aquí no hay problemas porque sabemos respetarnos y sobre todo aceptarnos». David es otro de los zaidineros de la clase. «Yo vengo del instituto Angel Ganivet y me encuentro mucho mejor en este centro que en el Ganivet. Aquí he encontrado profesores más comprensivos y compañeros muy sencillos», apunta. El jefe de estudios lo señala como un chaval con un coeficiente intelectual por encima de lo normal.
Seguir estudiando
De la veintena de alumnos de cuarto de ESO, todos tienen decidido continuar sus estudios cuando acaben la enseñanza obligatoria. La mitad confiesan su predilección por la Universidad. «Yo me quiero dedicar a ser traductora o al turismo», confiesa una guapísima adolescente de Rumanía -Geane Florentina-, quien se queja de la confusión que generan habitualmente los medios de comunicación, incluidos los publicistas, con el tratamiento que se da a la inmigración. «Meten a todo el mundo en el mismo saco. Si un rumano ha cometido cualquier delito ya todos somos delincuentes, si hablan de bandas latinoamericanas pues toca que todos los latinoamericanos pertenezcan a los Latin King. Cada persona es cada persona y no vale generalizar», dice. Alonso, un colombiano ejemplar, matiza: «también hay inmigrantes que se automarginan».
Pero, ¿por qué estos escolares dicen que se sienten más integrados y a gusto en el centro que en la calle? «Por que aquí hemos aprendido a aceptarnos como personas. Da igual de que país vengas o de qué religión seas. Lo importante es aceptar al que tienes enfrente y estar rodeados de profesores que te comprenden y te apoyan.
Ellos y ellas son muy importantes. Nos sentimos atendidos e integrados». Nailla, Carolina, Ramón, Jonatan, Carlos, Saida han demostrado que la integración de los inmigrantes en los colegios, calles, pueblos y comunidades es perfectamente posible si detrás hay un buen trabajo, voluntad y medios para conseguirlo. «Somos iguales, no te olvides de poner esta frase. Y cuando somos iguales aprendemos a ser más tolerantes y responsables con los demás».





