
Hawass recordó que el monumento -que los árabes llaman 'Abul Hul' o 'el padre del terror'- se asienta sobre cuatro metros de roca que le dan un carácter casi indestructible, y que en el momento de su construcción los antiguos egipcios ya sabían que en la zona había filtraciones de agua y las tuvieron en cuenta.
Sin embargo, también reconoció que las autoridades han decidido intervenir en el canal de Mansuriya, paralelo al Nilo y muy cercano a la meseta de Gizá, para desviar su curso y evitar así una de las fuentes de agua existentes en la zona, aunque «no está claro» el origen del agua que se filtra en la zona de la Esfinge.
El responsable del mantenimiento de los monumentos egipcios criticó a quienes están aireando el problema, «gente sin preparación científica a la que mueve el deseo de fama», sin citar el nombre de Basam al Chamaa, que ha creado una web en la que asegura que por culpa de las aguas la Esfinge corre el riesgo de desaparecer a medio plazo.
Hwass desveló ayer, por otra parte, una nueva campaña del Gobierno egipcio para recuperar, al menos temporalmente, algunas piezas emblemáticas como la piedra Rosetta, actualmente en el Museo Británico, y el busto de Nefertiti, que está en el Egipcio de Berlín.








