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ALMERÍA - JAÉN - GRANADA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Internacional

MUNDO
El Rey se enfrenta a Chávez, harto de que interrumpiera la intervención de Zapatero
«¿Por qué no te callas?», le espetó don Juan Carlos ante sus continuas críticas

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«¿Por qué no te callas?». El Rey mostró un gesto desconocido hasta ayer, por lo iracundo, para exigir silencio a Hugo Chávez, que interrumpía sin cesar a su homólogo español mientras este exigía al mandatario venezolano respeto para el ex presidente español José María Aznar. El malestar del Monarca en la clausura de la XVII Cumbre Iberoamericana celebrada en Santiago de Chile le llevó a abandonar la sala cuando el máximo dirigente nicaragüense, Daniel Ortega, reprodujo las críticas vertidas contra los empresarios españoles que invierten en el continente americano.

El rifirrafe entre los presidentes español y venezolano se inició el viernes, cuando el líder bolivariano tachó de «fascista», entre otros epítetos, a Aznar. En la sesión de clausura de la cita chilena, Chávez reprodujo los insultos, por lo que Zapatero tomó la palabra para rebatirle y pedirle respeto. «Se puede estar en las antípodas de una posición ideológica y no seré yo quien esté cerca de las ideas de Aznar, pero fue elegido por los españoles y exijo ese respeto», dijo.

A los periodistas, que observaron el incidente a través del circuito cerrado de televisión, les costó seguir el discurso de Zapatero por las constantes interrupciones de Chávez quien, a micrófono cerrado, parecía defender su derecho a opinar lo que le viniese en gana del ex presidente español, a quien volvió a insultar. Fue entonces cuando se irguió el Rey en su silla y le ordenó silencio.

La mandataria chilena y anfitriona de la cumbre, Michelle Bachelet, trató de reconducir la crisis: «Por favor, no hagan diálogos, han tenido tiempo para plantear sus posiciones». Y a duras penas logró Zapatero concluir su intervención para defender que, «en beneficio de nuestros pueblos», las relaciones entre los integrantes de la comunidad iberoamericana debían basarse en el respeto.

«Moderación»

Horas antes, en rueda de prensa, el inquilino de La Moncloa ya había exigido a Chávez lo mismo que hicieron en privado él mismo y el Rey el viernes por la noche, cuando solicitaron en una conversación que respetara al ex presidente Aznar. Fuentes gubernamentales españolas tuvieron una tímida reacción inicial a los epítetos que Chávez dedicó al político del PP y se limitaron a pedir «moderación» a Chávez.

Poco después, el Gobierno elevó el tono de la queja y el ministro de Exteriores presentó una protesta formal a su homólogo venezolano. Lejos de disculparse, en la clausura el mandatario populista reiteró los insultos al ex presidente español, y se produjo el incidente.

Pero la tensión desatada en la clausura del cónclave iberoamericano no concluyó ahí. Tras Zapatero, tomó la palabra Daniel Ortega, que endureció las críticas a las empresas españolas, sobre todo Unión Fenosa, a las que atacó con un discurso en el que mezcló quejas por su pretendido alineamiento con los sectores más conservadores del continente con proclamas a la unidad iberoamericana frente al imperialismo económico europeo.

«Son una mafia. Es una estructura mafiosa, tácticas gansteriles dentro de la economía global de las que son víctimas nuestros países por culpa de los gobiernos peleles», clamó el líder sandinista. Antes de que Ortega pusiera fin a su intervención, el Rey se levantó y abandonó la sesión plenaria, a la que volvió minutos después para asistir a la clausura tras acudir en su busca la presidenta chilena.

Defensa de las empresas

También en la rueda de prensa matinal había salido el presidente Rodríguez Zapatero en defensa de las empresas españoles con intereses en América Latina, de las que aseguró que han hecho «un gran esfuerzo inversor» en la región, que cuantificó en 100.000 millones de euros, que va acompañado de «responsabilidad social» porque prestan servicios básicos como agua, electricidad o telefonía. El jefe del Ejecutivo español aseguró que las empresas españolas están en Latinoamérica «para quedarse» y no para buscar negocios y retirarse con los beneficios.

Estas compañías, en especial las petroleras y eléctricas, tienen divergencias con las autoridades de Bolivia, Ecuador, Venezuela, y en menor medida con las chilenas, por las plusvalías obtenidas por sus inversiones. Este asunto también provocó un cruce de reproches entre Zapatero y el boliviano Evo Morales.
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