El presidente del Parlamento europeo, el alemán Hans-Gert Pöttering, presente ayer en Berlín, calificó el cambio político como una «señal positiva», se mostró confiado en que las relaciones entre su país y Polonia volverán a la normalidad y sin esconder su alborozo por el triunfo de Tusk dijo: «Uno se alegra siempre de que un defensor del europeísmo se coloque a la cabeza de un nuevo Ejecutivo».
El Gobierno alemán, en cambio, adoptó un lenguaje más diplomático y anunció, a través de un portavoz, que Berlín esperaba seguir manteniendo un dialogo constructivo con Varsovia. Pero en privado, el excelente resultado obtenido por el partido de Tusk alegró la vida a medio Berlín.
Durante la campaña electoral, el político, de 50 años, prometió colocar a su país en el corazón de la UE con la adopción del euro y con la firma de la Carta de los Derechos Fundamentales, que los Kaczynski se negaron a ratificar. La Plataforma Ciudadana también desea retirar a los 900 soldados polacos desplegados en Irak y anunció que buscará un nuevo lenguaje a la hora de enfrentarse a Washington para discutir el polémico proyecto del escudo antimisiles.
Moderado y dialogante
Aunque Tusk comenzó a interesarse por la política cuando vio cómo la Policía disparaba contra manifestantes en Gdansk en 1970 y militó en el sindicato Solidaridad, siempre ha estado a favor del diálogo y se destacó por sus posturas moderadas. Esta característica le hizo perder las presidenciales frente a Lech Kaczynski, un orador populista que no dudó, entonces, en denunciar que el abuelo de Tusk había sido un colaborador de los nazis.
El político liberal no respondió a los ataques, perdió las elecciones por un estrecho margen y se ganó la fama de débil. Pero dos años después regresó a la arena política decidido a tomar la iniciativa. Convencido de que en la política hay que actuar con dureza para poder ganar, Tusk asombró a sus aliados y enemigos, cuando se burló del primer ministro durante un debate en la televisión por no tener licencia para conducir y lo acusó de haber enviado a dos millones de polacos al exilio económico. Dos años después de haber sido derrotado y humillado por Lech Kaczynski, el líder de la Plataforma Ciudadana saboreó la miel del triunfo y la venganza cuando un 40,4% de los polacos votaron por su partido. Su rival, Jaroslaw Kaczynski, sólo obtuvo un 32,1% de los sufragios.








