Considero una vergüenza el trato injusto y el desprecio del que Gibert ha sido objeto por parte de las instituciones científicas y políticas de la Junta de Andalucía, pero en particular de la UGR. Seguramente nunca le perdonaron el que fuera un profesor de instituto quien iniciara una de las líneas de trabajo más prometedoras internacionalmente en paleontología y evolución humana, con métodos de trabajo novedosos e hipótesis que difícilmente encajaban en el clima de mediocridad intelectual, servilismo y vasallaje que durante demasiado tiempo viene caracterizando a la universidad pública española. En pocos casos ha existido una injerencia tan ignominiosa de lo político en la actividad científica, llegando al extremo de bloquear por completo cualquier intento de trabajo o campaña de excavación que no incluyera beneficio directo para destacados esbirros de la Junta, más conocidos por su afiliación política que por su calidad científica.
Como investigador especializado en Filosofía de la Biología fui siguiendo con detalle la evolución de la polémica en prensa y las publicaciones científicas más relevantes. Sobre todo compartí con José Gibert muchas conversaciones en las que siempre tuve la impresión de estar ante una persona de talla científica excepcional, a mucha distancia de sus oponentes, a varios de los cuales también conocí muy de cerca. Incluso barajamos la posibilidad de iniciar un proyecto de tesis doctoral centrado exclusivamente en filosofía y sociología de la ciencia, a propósito de la polémica sobre el 'hombre de Orce' y el paradigma defendido por Gibert. Pero el volumen de publicaciones científicas y artículos de prensa era enorme, muy por encima de la carga asignable a un investigador predoctoral, y más apropiado para un trabajo interdisciplinar en equipo. Con el paso del tiempo, el balance final en el terreno científico me parece incuestionablemente favorable a todas las líneas importantes de trabajo e hipótesis del prof. Gibert, pese a las discrepancias sobre aspectos puntuales de su trabajo. Creo que, en lo sucesivo, nuevas investigaciones simplemente vendrán a confirmar sus enfoques y horizonte de trabajo con mucha más riqueza de fósiles y evidencias no sujetas a polémica. Otra cosa es el tratamiento que se le ha dado a él y a su trabajo por parte de las instituciones de la Junta y de un sector de la prensa. En España, por desgracia, parecemos poner mucho más empeño en los homenajes póstumos que en apoyar a las personas que realmente demuestran iniciativa y talento para llevar adelante grandes proyectos y con muy pocos medios. Es una lástima que Gibert haya muerto en la situación de abandono y falta de reconocimiento profesional a una labor que lo merecía con creces. En Orce, el equipo de gente que le sustituyó en la gestión de los yacimientos ha pasado a ser más conocido por la enorme deuda en cerveza que ha dejado en los bares del pueblo que por otra cosa, como es de conocimiento público. Y el estado de abandono de los yacimientos es inaceptable, cuando buena parte del dinero que se ha empleado en los últimos años ha sido, presuntamente, más en acondicionamiento que en excavación.
Muy pocos de los que criticaron a José Gibert han leído lo que escribió y eran capaces de entender o tomar en serio los datos en que sustentaba sus hipótesis, pues venían convencidos de antemano y no siempre por razones científicas. En el desarrollo de la ciencia, historias como ésta son por desgracia demasiado frecuentes, especialmente con personas que por su excepcionalidad parecen haber nacido demasiado pronto o tuvieron la mala suerte de caer en un contexto de mediocridad y pesebrismo académico e institucional como el que a Gibert le tocó sufrir durante demasiados años.
Gracias de nuevo por el artículo mencionado. Reciba un cordial saludo,





