Entre la una y media y las tres de la madrugada la lluvia arreció en toda la zona hasta alcanzar tan devastadora situación. Tal fue así, que cuando los vecinos de la localidad y los propietarios y trabajadores de los establecimientos afectados pudieron ver los efectos de la riada, no daban crédito a los que sus ojos percibían.
El origen
Un gran curso fluvial, fruto de los caudales desbordados y unidos de los ríos Frío y Salado, se precipitaba arrastrando con su corriente de agua, lodo, ramas, cañas y residuos. Todo lo que encontraba a su paso.
La plaza San Isidro de Riofrío quedó rápidamente anegada y, en consecuencia, todas aquellos parajes, locales o instalaciones que se encontraban en una cota inferior.
La tromba taponó el ojo del puente nuevo que une ambos márgenes del río Salado y las aguas lo superaron, lo que significa una crecida, por una zona tan pacífica como aquella, de más de dos metros de altura, algo que atestigua la línea marcada por las aguas en el viejo puente califal, cuyo ojo principal quedó también bajo el cauce.
Alberto Domezain, director de investigación de la piscifactoría Sierra Nevada, describió la situación de su empresa como «menos mala de lo que pueda parecer». Tienen cuatro fases repartidas por Riofrío, lo que supone un total de 100 piscinas.
«Afortunadamente ha afectado a la parte más pequeña, y sólo hay seis piscinas completamente destruidas», explica. Las seis piscinas que conforman la fase b de sus instalaciones, situada entre ambos ríos, quedaron cubiertas por el manto de lodo, arrastrando a más de 200.000 alevines de truchas, lo que supone haber perdido el 20% de la producción de este año; y a más de mil esturiones. «Todo ha sido una mala pasada -analiza Domezain- por los muros que tenemos en esas piscinas. No son muy altos, están pensados para el turismo y para que cualquiera pueda ver a las truchas saltar en el agua. De todas formas, esperamos que en siete meses recuperemos la forma en la producción de truchas y, en algo menos de un año, las de esturión». Una importante pérdida que pudo ser mucho más grave de haber sucedido en las instalaciones que esta piscifactoría tiene al otro lado de la autovía A-92.
Unas piscinas en las que ahora se crían los grandes esturiones de los que se extraen las huevas con las que se produce el reputadísimo caviar de Riofrío. En este caso, afirma Alberto Domezain, «se habría hablado de una gran tragedia. Gracias a Dios, la pérdida del caviar es recuperable y dentro de un mes estaremos en pleno rendimiento».
«No obstante -apuntaba este experto en acuicultura- cualquier valoración actual es aventurada, pues sólo se sabrán realmente las pérdidas cuando se produzca la exacta evaluación del siniestro».
Otros casos
A pocos metros se encuentran el restaurante Quintana y el Hotel Paco Rama, otros dos negocios que han sufrido la fuerza devastadora de las aguas. En el primer caso puede hablarse de toda la maquinaria, mobiliario y enseres, además de productos de alimentación y bebidas perdidas. En el segundo, han sido los almacenes los que quedaron bajo un manto de agua y barro superior al metro de altura. Francisco Rama, su propietario, se afanaba con otras personas por achicar agua y tratar de recuperar otros bienes.
También se han visto afectadas de forma muy considerable las instalaciones, almacenes, productos, equipos de bombeo y refrigeración de Jardines del Chiringo, Mesón, Hostal y Venta de Riofrío, pertenecientes al grupo que lidera Joaquín González. Y asimismo, una empresa dedicada a la venta e instalación de casas prefabricadas de madera, veía como dos de sus casas quedaban bajo un nivel de agua cercano a los dos metros por el desbordamiento de una acequia.
Primera estampa
Ese, además de los daños sufridos por el Coto Intensivo de Pesca de Riofrío -perteneciente al Ayuntamiento de Loja, que ha perdido toda su reserva de truchas-, era el panorama con el que cualquier visitante se encontraba nada más llegar a esta localidad lojeña.
Desde primera hora de la madrugada, agentes de la Policía Local, Guardia Civil, Parque de Bomberos y operarios municipales, se personaban en la zona siniestrada. Sin embargo, las labores de desescombro, limpieza y saneamiento, no pudieron comenzar hasta que se colaron entre las nubes las primeras luces del día.
El alcalde lojeño, Miguel Castellano, se personaba en Riofrío en las primeras horas de la mañana, acompañado del concejal de Urbanismo, Juan Francisco Mancilla. Explicó que «el principal aporte de lluvia a esta riada ha debido producirse en la cabecera del río Salado, en la falda de Gibalto y próximo a Fuente Camacho».
Desde allí, discurriendo por no pocos desfiladeros, el cauce ha ido creciendo y nutriéndose de ramas, troncos, piedras... con un paso devastador por su ribera.
En ese tramo, de 10 kilómetros, se encontraba la nueva estación depuradora de aguas residuales de la Atajea, destinada a depurar las correspondientes de ese núcleo vecinal y de Venta del Rayo. Una instalación que esperaba inaugurarse en fechas próximas y que no será posible por las obras de reparación y restitución a las que ahora se ven obligados.
Igualmente la estación depuradora de aguas residuales que se está construyendo en Riofrío ha sufrido las consecuencias de la riada, pero afortunadamente, en este caso, al encontrarse en una fase inicial ha evitado costes mayores.









