Lunes, 2 de julio de 2007
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ECONOMÍA

Publicado: 12:47

EXPECTATIVAS
Un sector apetecible
Elegir el anillo de compromiso adecuado requiere una seria consideración por parte del joven
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Elegir el anillo de compromiso adecuado requiere una seria consideración por parte del joven. Después de todo, es para toda la vida y, aún hoy día, sigue siendo ese regalo único para momentos especiales. Ya en el siglo XV se decía aquello de «dos antorchas en una anillo de fuego ardiente, dos voluntades, dos corazones, dos pasiones. Se unen en matrimonio con un diamante». Así que, bien visto, el negocio de la joyería es, en gran medida, un juego con la eternidad. Y por todos es sabido que la fuente de la vida no se vende barata: la piedra se forma a 25 km bajo tierra. Por las erupciones volcánicas sale a una altura a la que el ser humano la puede encontrar. Del total de la piedra, sólo un 5% va destinado a la joyería, por lo que para obtener un diamante de medio quilate hay que remover toneladas de arena. Por supuesto, no sale tallado, es necesario un experto que analice cuánto es el total aprovechable de la piedra y un profesional que obtenga las 58 facetas con las que un brillante debe contar. «Y por último la recibimos los gematólogo que valoramos el color y la forma y la ponemos, si es de calidad, a la venta en nuestros comercios». Habla Manuel Castaño Fernández, presidente del gremio en la provincia de Granada y, desde hace un mes, presidente de la ‘Federación Andaluza de Joyeros, Plateros, Relojeros y Bisuteros’.
Manuel es representante andaluz de uno de los sectores económicos que más millones de euros mueve en España. En Granada capital contamos con más de 150 establecimientos dedicados a la joyería, bisutería y relojería. Una cantidad que llega hasta los 10.000 empresas repartidas por toda la comunidad autónoma. «Para que se hagan una idea –anuncia Castaño–, en Andalucía tenemos el mismo número de joyerías que habrá en total en Francia. Si es que llegan».
Evolución
«El sector de la joyería es un sector abierto», explica Castaño. Y continúa: «No es como en el extranjero. Por ejemplo, en Francia o Bélgica, para abrir una joyería tienes que tener el título de gematólogo. Tienes que ser capaz de analizar y cualificar cualquier piedra preciosa. Lo más importante para un comercio de este tipo es saber lo que estás vendiendo». De todas formas, Manuel apunta que las nuevas generaciones «está mejorando el sector» ya que «se están formando, estudiando la carrera, dejando atrás el problema de tradición que teníamos en España desde hace tiempo. Que por ser buen vendedor no se es buen joyero. Hace tiempo planteamos hacer una ley que estipulase la obligatoriedad de ser gematólogo, pero no ha llegado a cuajar».
Sin embargo sí que hay otros factores que no corren sin suerte ni ley. Es el caso del oro, que en España sólo se puede a partir de 18 quilates mientras que en otros países no tienen por qué. Y la calidad tiene que estar contrastada con el fabricante original, «no vale con que yo lo diga. Es necesario analizar, expertizar y concluir».
Efectivamente, Castaño sabe que es un sector que «siempre ha funcionado», incluso «adaptándose a los tiempos modernos». «Antes era uno de los ambientes más elitistas de la sociedad, ahora es mucho más accesible para todos». Pese a este éxito –parece que continuo–, el presidente de la federación también es consciente de las nuevas competencias del sector: «Vivimos una pequeña crisis de consumo. Antes había una comunión o cualquier acontecimiento y todo el mundo se iba a lo tradicional: la joya. Ahora, la informática y las nuevas tecnologías son nuestra competencia directa. Videoconsolas, cámaras de fotos, móviles... Aunque la competencia sana siempre es buena para el negocio».
Así, el respeto mágico de la joya como regalo para momentos importantes, casi de transición vital, «ha bajado un poquito, quizás porque desde el sector no hemos hecho la fuerza suficiente para que la joya sea el regalo más emblemático que pueda haber. Nos hemos quedado en los laureles porque creíamos que eso sería siempre así». En cierta manera sigue siéndolo, ya que para Manuel, aquella mítica sentencia de ‘Los diamantes son el mejor amigo de la mujer’ que Marilyn Monroe hizo legendaria, sigue estando de moda. «Si cogemos a 10 mujeres y les preguntamos, estoy seguro de que al menos 7 de ellas dirían que le gustan las joyas... Gracias a Dios -bromea-». Por otro lado, «a los hombres les gustan más los relojes, algo menos las joyas, aunque en Italia, que es donde están los caballeros más modernos, hay quien se atreve a ponerse incluso dos relojes, uno en cada muñeca».
Innovación
Como en todo negocio en el que se trata de cara al público, Castaño no duda de la importancia del «trato educado y agradable, dando la máxima información de lo que estás vendiendo», pero coloca como primordial el mantener un buen nivel de innovación, «yendo a las ferias, como la que habrá el próximo 15 de septiembre en Madrid, IBERJOYA, –La Feria Internacional de la Joya–, donde van fabricantes de todo el mundo y es donde el joyero ve la moda en el resto de países, elige y compra su género».
Ahora bien, más allá de innovaciones, nuevos modelos y la moda mundial, si algo preocupa al sector de la joyería, platería, relojería y bisutería es el de los robos. «Es lo que el terrorismo al Gobierno, nuestro gran temor». En España hay una media de 4 ó 5 atracos que sufren a diario los empresarios. «Antes eran pequeños hurtos, pero ahora son mafias organizadas que vienen de todos los países y son robos más peligrosos. Atracos con armas en donde algún compañero ha muerto».
El gremio no consigue encontrar la solución idónea al problema. En nuestro país es obligatorio tener puertas blindadas, sistemas de seguridad, alarmas conectadas –con su correspondiente mantenimiento–, caja fuerte con reloj retardado. Exigencias que los gobiernos locales vigilan que se lleven a cabo. «Pero aún así, siguen robando, lo que crea una frustración mayor. Y todas esas seguridades que nos exigimos y se nos exigen no son gratis, se pagan y cuestan mucho dinero». Desde el gremio Manuel lamenta que el suyo sea uno de los pocos sectores comerciales «que no cuentan con ningún tipo de ayuda. Se ayuda al campo, a la construcción... A nosotros nada, y mira que somos uno de los que más millones mueven a nivel nacional».
«Se sigue creyendo que el joyero es rico, y eso no es cierto. Tenemos una obligación y un trabajo con mucho riesgo y cuando se atraca a un joyero se dice lo de ‘ah, claro, como era joyero no pasa nada, porque es rico’, y si se roba a un estanco, un puesto de quinielas o cualquier otra cosa decimos ‘pobre’, cuando ellos le ganan mucho más porcentaje a sus mercancías».
Futuros brillantes
Granada ha sido una ciudad con un éxito en el sector de la joyería considerable. Aunque Manuel augura para nosotros como para cualquier otra ciudad española, «una temporada paradita. Pero hay que tener en cuenta –razona– que la empresa del brillante no es un negocio con el que dar el pelotazo en tres años, no, es un sector que funciona a largo tiempo, sus productos son a largo plazo, lo que supone que a cualquier bajada le seguirá una subida». Porque, después de todo, un diamante es para toda la vida y la eternidad, el secreto que portan, para siempre.

 
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