Más de 15.000 granadinos se unen en redes sociales para lograr cosas 'imposibles'

Una de las quedadas de 'Te lo dono' para repartir los objetos reclamados por los usuarios. / GALERIA: ALFREDO AGULAR / RAMÓN L. PÉREZ / JAVIER MARTÍN

Estos grupos creados en Internet han conseguido desde una grúa para mover a una menor enferma hasta amueblar la vivienda quemada de una familia que lo había perdido todo

SARAI BAUSÁN GARCÍAGranada

Olalla nunca olvidará el pasado mes de septiembre. Lo tiene marcado a fuego. Literalmente. Casi las pierde. A sus niñas: su nieta y su hija. Un incendio estuvo a punto de arrebatárselas para siempre. Su hija vivía con su marido, su pequeña de siete meses y sus suegros en la casa de estos últimos. Una chispa que prendió de la chimene y se extendió por todo el hogar encerró a las mujeres de su vida en una habitación a la que ninguno de sus familiares podía acceder. En ese momento, su hija, con tan solo 18 años, lo vio claro: el fin se acercaba, ella misma ya se estaba quemando. «Yo pensé que de ahí no salía. Sentí que ahí iba a acabar todo. Podía pasarme algo a mí, pero no a mi pequeña», relata Erika, hija de Olalla. «Tenía que salvar a mi hija. No me importaba lo que me sucediera a mí, ella tenía que estar a salvo», añade. Y la tiró por los 10 metros de altura que separan su ventana de la calle. Ella no veía nada, no sabía qué había pasado con su hija, pero la sentía a salvo y con eso le bastaba. «Unos vecinos cogieron unas mantas y se pusieron debajo de la ventana para que cayera mi nieta. Lo que hizo mi hija tiene mucho mérito. Ha demostrado un coraje único que me enorgullece», afirma Olalla. Erika finalmente pudo ser rescatada y ahora todos están en perfecto estado, pero las llamas se quedaron con algo que nunca les será devuelto: sus recuerdos y sus pertenencias, que quedaron reducidas a cenizas.

«Nos quedamos sin nada. No teníamos muebles ni ropa. Todas las cosas de mi hija se quemaron. Pero al menos estábamos vivos», comenta Erika. A pesar de lo negro que parecía haberse vuelto todo, no contaban con que la solidaridad, multiplicada por el foco de las redes sociales, despejaría cualquier nubarrón. «Nunca habríamos pensado que habría tanta gente buena, pero la hay. Después de ver a mi nieta y mi hija con toda la cara negra por el hollín del incendio, pensé que no saldríamos de esa pero, gracias a todos los que nos ayudaron, hoy podemos decir que estamos perfectamente», afirma Olalla mientras mira con dulzura a sus dos niñas.

Desde 'Te lo dono', uno de los numerosos grupos de Facebook creados en los últimos años para poner en contacto a personas de toda Granada para compartir inquietudes, necesidades y requerir ayuda, se enteraron del suceso y quisieron estar allí para ayudarles. En cuestión de días, su familia ya contaba con muebles, comida y ropa. Para cada uno de estos «milagros», los administradores del grupo no están solos, sino que cuentan con el respaldo de sus más de 4.600 usuarios.

Almacenes en los hogares

Este grupo de Facebook recoge y distribuye todo tipo de objetos entre los usuarios que lo piden. Para repartirlos, cuentan con dos grandes 'quedadas': una que se produce los lunes en el Carrefour de Armilla y otra los jueves en Atarfe. Así lo cuenta Ramiro Gil, uno de los responsables del funcionamiento de 'Te lo dono' junto con Joana Fernández, la fundadora. «Todo lo que necesite quien se ponga en contacto con el grupo se lo intentamos buscar entre unos y otros. Todo el mundo puede pasar por un mal momento, lo importante es tener el respaldo de gente que te pueda echar una mano», afirma.

Aún se sigue emocionando con los casos que les llegan. «En el momento de estar con las familias, intentas ser fuerte, pero a veces, cuando sales a la calle, te hinchas a llorar por ver los sentimiento que les provocan tus acciones a quienes ayudas», indica Gil. En su grupo, además de muebles, ropa y todo lo necesario, se reparte una media de 300 kilos de fruta y verdura para el que lo necesite.

«El problema que tenemos es que al no ser una asociación, sino que somos particulares que ayudamos con nuestros propios recursos, no tenemos dónde dejar todo lo que la gente nos dona o nosotros recolectamos, entonces nuestras casas acaban siendo almacenes», indica.

Almudena ha sido otra de las personas que han conocido de cerca la «magia» de este grupo. Hace unos meses la echaron del piso en el que vivía y se quedó en la calle con su marido y sus hijas de 15 y 4 años. Angustiada y sin saber qué hacer, se metió en una casa desocupada. «Era la única opción que teníamos de no acabar en la calle», explican. Porque tenían miedo. No solo por ver qué iba a ser de ellos, sino porque pudieran quitarles a sus hijas, su «vida». Buscaron ayuda de las administraciones públicas, pero no obtuvieron resultado. Hasta que dieron con Ramiro y compañía.

«La casa estaba completamente vacía. No teníamos nada, ni un mueble. Ellos vinieron y nos lo amueblaron entero sin pedir nada a cambio. Tenemos un nuevo hogar gracias a ellos», explica Juan, marido de Almudena. Ahora, quieren pedir el alquiler social para poder pagar la casa –propiedad del banco– y no tener miedo a que en cualquier momento les quiera desalojar. «Somos una familia, necesitamos un techo y, si nos ayudan con el alquiler social, queremos pagarlo», asegura.

De mujeres para mujeres

'Marujas motrileñas' consiguió hacer volar a Miriam el pasado mes de marzo. Su madre, Patricia Navarro, pidió en el grupo en el que están más de 8.500 mujeres de Motril y comarca que alguien le prestase una grúa para transportar a su hija y moverla por la casa. La pequeña de 10 años tiene una enfermedad rara, degenerativa, que hace que necesite de su madre para todo. Las marujas se pusieron en marcha en cuanto leyeron el mensaje de Patricia y se unieron para recoger fondos. En apenas dos días, ya tenían lo necesario.

«Marujas motrileñas es un lugar de encuentro en el que las mujeres pueden unirse, ayudarse y comunicarse y, siempre, luchar por un mismo fin como solo nosotras sabemos hacer», indica Pilar Rodríguez, fundadora del grupo junto con Sonia Hidalgo. «Es una forma de decirnos que nosotras podemos, que somos luchadoras y no necesitamos a nadie», añade.

Tal y como ella misma indica, todo comenzó cuando Pilar se dio cuenta de que necesitaba un albañil y que podía preguntar a sus amigas si conocían alguno, pero que el reducido número de éstas frenaba las posibilidades de encontrarlo. Entonces, pensó en hacer un grupo como otro al que pertenecía a nivel nacional llamado 'Marujas en red', pero en Motril. Así comenzó todo.

En este grupo, lo mismo se habla de salvar a un gato abandonado como de luchar por la mejora de urgencias en el hospital del municipio o de las ofertas de los nuevos establecimientos. «Lo que más me gusta de 'Marujas motrileñas' es que se crea una conexión entre cada una de nosotras y se teje una red de confianza única», explica Sonia Hidalgo, la otra fundadora del grupo. «Somos cada una distintas, pero todas buscamos lo mismo: ayudarnos y conseguir lo que nos propongamos», apunta.

Gracias a la ayuda de cada una de ellas, Rufina Carrascosa, una joven enfermera de 26 años, encontró trabajo en Motril: «Pusieron en el grupo una oferta de empleo de enfermera y me nombraron para que lo viera. Lo eché y, después de las entrevistas, conseguí el trabajo y empecé en abril gracias a ellas. Conforme están las cosas, es de agradecer encontrar un trabajo y más si es con esta ayuda».

Ayuda por toda la provincia

En Facebook se cuenta por decenas los grupos –más o menos numerosos– dedicados a este apoyo mutuo entre particulares. Entre ellos también se encuentra 'No lo tiro, lo regalo, dono...¡Granada!' y 'Una gran familia'. La fundadora de este último, Araceli López, se encarga de recabar todo lo que los compañeros necesiten y, además, suministrar a quien lo desee fruta, verdura, carne y pescado. «Te rompe el corazón ver cómo un niño te abraza porque le hayas llevado un plátano. Te llena de impotencia ver cómo tienen que vivir algunas personas», se lamenta. Su familia digital no cuenta con tantos miembros como el resto –son unos 400 usuarios–, pero es por decisión propia. «Preferimos no ser demasiados para que sea todo más cercano», afirma López. Por su parte, el grupo de Francisco García, 'No lo tiro, lo dono', cuenta con la particularidad de centrarse principalmente en que sea el que necesite ayuda quien la pida y no tanto los usuarios que los oferten: «En menos de un año se han sumado más de 2.000 personas. Ver cómo se puede cambiar la vida de la gente es algo único».

Pero no todo es tan positivo. En más ocasiones de las que les gustaría, tienen que lidiar con quienes desean aprovecharse de su buena voluntad sin necesitar sus recursos. Pero, a pesar de ello, lo bueno de sentirse útiles les compensa cada mal rato. Saben que con su ayuda pueden volver a hacer volar a los que, por las dificultades de la vida, incluso se han olvidado de caminar.

«Preguntamos a una niña qué quería que le lleváramos. No pidió un juguete, quería sopa»

Los distintos grupos de Facebook con los que cuenta la provincia reciben tal cantidad de peticiones y mensajes que a día de hoy ninguno puede decir con exactitud cuánta gente se ha beneficiado de su labor. Pero todos los voluntarios tienen tatuados distintos recuerdos de aquellos momentos en los que se dieron cuenta que eso merecía la pena, que tenía sentido lo que hacían.

Para Ramiro Gil, uno de esos instantes se produjo cuanto fue a visitar a una chica que no tenía ni comida ni ropa. Al ir a conocerla para cerciorarse de que su caso era cierto, conoció a la hija de esta joven y, para intentar animarla, le dijo que en la siguiente visita le llevarían lo que pidiera. «La niña, que tendría cuatro o cinco años, no pidió un juguete, una chuchería o cualquier cosa así como haría cualquier otro niño. Nos pidió sopa. Eso me rompió el corazón», afirma.

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