«La conciliación no existe: O le quitas el tiempo a tus hijos o se lo quitas a tu profesión»

Samanta fue madre de mellizos el año pasado y cuenta sus experiencias en la serie./CUATRO
Samanta fue madre de mellizos el año pasado y cuenta sus experiencias en la serie. / CUATRO

Samanta Villar regresa hoy a la tele tras su maternidad para hablar de la conciliación, la inmortalidad o los implantes ciborg en 'Samanta y...', su nuevo programa en Cuatro

MIGUEL ÁNGEL ALFONSO

Durante un par de semanas, Samanta Villar (Barcelona, 1975) fue la persona que mejor se orientó en el planeta. A la reportera catalana le implantaron un 'chip' genético que vibraba cada vez que miraba hacia el Norte, de forma automática, como hace el olfato con los olores. Así pudo probar en sus carnes hasta dónde puede llegar el ser humano con la tecnología en uno de los reportajes de 'Samanta y...'. El formato con el que vuelve a la televisión de la mano de Cuatro y la productora Veralia (esta noche, a partir de las 22.45 horas) después de haber sido madre de mellizos en 2016. También hablará de la postmaternidad, los cánones de belleza o la inmortalidad.

- ¿Cómo ha llevado volver al trabajo después de su maternidad?

- Tenía muchas ganas. La conciliación, desde mi experiencia, no existe. Tal y como está organizado el trabajo en España, o le quitas el tiempo a tus hijos o se lo quitas a tu profesión. En mi caso tengo una posición privilegiada, porque puedo adaptar mi trabajo a la crianza, pero si eres una mujer que no tiene un empleo así vas a salir perdiendo.

- ¿Por qué ese tipo de comentarios despiertan tanta polémica?

- Es un fenómeno que ya no tiene vuelta atrás. Había que abrir las ventanas de la dureza de la crianza a la esfera pública, porque en privado sí que se hablaba de este tema, pero los personajes públicos no se habían posicionado hasta ahora. Está muy bien que entren nuevos aires y creo que ya es imparable. A partir de ahora, las mujeres se van a sentir mucho más libres para expresarse sobre este tema.

- En el programa veremos un hombre transexual embarazado.

- Ha sido muy complicado conseguir este testimonio; nadie quería acceder a grabar a cara descubierta porque lo suelen llevar en un secreto total, llegan incluso a trasladar sus domicilios para que su entorno no se entere de que son los gestantes de sus propios hijos. Es un orgullo para nuestro equipo haber podido contar con él.

- En otro reportaje le implantaron un 'chip' genético.

- Se llama 'sentido del Norte' y es un dispositivo que emite una vibración que notas cada vez que este coincide con el Norte magnético de la Tierra. Tienes la vista, el oído, el tacto, el gusto, el olfato y de repente este sentido de la orientación. Es curioso porque tú no eliges cuándo se activan tus sentidos, están en funcionamiento todo el tiempo.

- ¡Así nunca se pierde el Norte!

- (Risas) Exacto. Te orientas mejor, pero, por otro lado, es una manera de percibir el mundo ampliando tus sentidos, lo que ahora se llama el transhumanismo, la fusión entre la biología y la tecnología. Es muy interesante.

- ¿No da un poco de miedo?

- Es normal, es un nuevo camino por explorar y genera miedos. Ya hay gente que experimenta con sus propios cuerpos a ver hasta dónde se puede llegar. En medicina esto es evidente con las prótesis, pero cuando la cosa se sale de eso da respeto pensar hasta dónde es ético llegar cómo humanos.

- Ya se empieza a hablar con naturalidad de la inmortalidad.

- No sé tanto si de la inmortalidad en sí como de la reversión del envejecimiento, de que la edad deje de ser causa de mortalidad. Hay un debate muy intenso en la comunidad científica respecto a este tema.

- ¿A usted le gustaría ser inmortal?

- Es difícil responder a esa pregunta con la información que tenemos ahora. Probablemente todos queramos ser inmortales si nos quedamos como ahora, sin tener mala salud y con todos nuestros seres queridos al lado. Yo no tengo una respuesta todavía.

- Olvídese de jubilarse con 65 años...

- (Risas) Eso también decía yo, a ver quién paga las pensiones de una persona con 500 años. Nos lo tomamos como una broma pero, obviamente, estos cambios provocarán modificaciones sociales muy profundas.

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