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El “hombre cebolla” malagueño compara el paisaje de los invernaderos con la Alhambra en ‘First Dates’

El “hombre cebolla” malagueño compara el paisaje de los invernaderos con la Alhambra en ‘First Dates’
  • Antonio, artista de 24 años, conoció a Raúl, un madrileño residente en Jaén desde hace años, recordó que los plásticos “se ven desde el espacio más que la Gran Muralla china”

Fue la primera pareja que se sentó a la mesa en ‘First Dates’. Alejandro, un joven malagueño de 24 años, conoció ante la presencia de Carlos Sobera a Raúl, un joven madrileño que reside desde hace tiempo en Linares, en la provincia de Jaén. Dos personas sumamente particulares tal y como se definieron desde un principio. El primero dijo ser “una persona cebolla” ya que “depende de la capa que conozcas te vas a llevar una impresión u otra de mí”. No dudó en reconocer que iba vestido con ropa de su abuela: “La mayoría de la ropa es de ella”. Un joven, el malacitano, que afirmó disfrutar con “la imagen de los invernaderos, con el reflejo del Sol y el monte”. Desde su punto de vista, tal paisaje le generaba una sensación de placer idéntica a la percibida frente a la Alhambra.

“De Andalucía, Málaga me gusta mucho y la zona de Almería con los invernaderos. Todo ese monte cubierto con plásticos, con esos reflejos del Sol, a mí me pareció que…casi ahí ahí con la Alhambra de Granada. Un espectáculo natural con la mano del hombre. Guapísimo. Se ve más que la Gran Muralla china desde el espacio. Una visión muy futurista”, aseguró. En ese sentido difirió Raúl: “Veo plásticos y plantas, no arte”.

Llegó Raúl para presentarse. A sus 30 años, este jienense de acogida, camarero y artista, hizo una mención a su madre para definirse. “Ella decía que su niño era un poco raro. La verdad que tengo un poquito de todo. Me gustan muchas cosas. Tengo cierta tendencia satánica. Nací el 6, del 6 del 86”, bromeaba. Durante la cita confesó que uno de sus gustos peculiares era el de ir al cementerio a tomar fotografías.

La primera impresión que Raúl se llevó fue sumamente peculiar. “Lo primero en que pensé era que me habían sacado un monaguillo”, dijo sobre la vestimenta del malagueño. Pero el hecho de coincidir en su gusto artístico les permitió limar asperezas. Sin embargo, la tensión entre ambos fue incrementando. La actuación en público del malagueño, bailando twerking, dejó atónito a su pareja. Ambos acordaron que volverían a verse.