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Un concursante, sin tapujos en ‘First Dates’: muestra una imagen suya sin ropa a su compañera

Un concursante, sin tapujos en ‘First Dates’: muestra una imagen suya sin ropa a su compañera
  • José Manuel y Carmen, de 55 años, no congeniaron desde un principio | El momento incomodó a la mujer sevillana que dijo haber vivido un momento “fuera de lugar”

José Manuel y Carmen, un hombre onubense y una mujer sevillana, ambos de 55 años, coincidieron sobre la mesa de ‘First Dates’ este jueves. Fue un encuentro sumamente peculiar. Tanto que él no dudó en mostrar a su cita una imagen a través de su móvil en la que aparecía completamente desnudo. Pretendía romper el hielo entre ambos, pero consiguió endurecer el iceberg. Y es que la sevillana se llegó a sentir incómoda. “Una persona que no me conoce de nada, que ni tan siquiera estábamos hablando de ese tema, que saque el móvil y me enseñe esa foto sin mediar otra cosa, me ha parecido fuera de lugar”, dijo.

Pero no quedó todo ahí. El hombre de la localidad de San Juan del Puerto incluso enseñó la instantánea al camarero. “¿Te parece esto fuerte? ¿te pone nervioso?”, bromeaba el hombre. El onubense se mantuvo firme en el tema e insistió en hablar de sexo. Ella lo zanjó todo. “Vamos a dejarlo ahí”, espetó.

A pesar de la negativa, José Manuel soltó un discurso profundo para conseguir ganarse la confianza de Carmen: “El hombre necesita para su equilibrio tener sexo, y muchas de las veces sin protocolo. Yo sé qué es lo que os gusta. Las caricias, un hombre más femenino…”.

La decisión final estaba cantada tras un encuentro que no entusiasmó ni a uno ni a otro. Ella dijo desde un principio que no era el prototipo de hombre que esperaba: “Tiene mucho pelo, todo lo contrario de lo que a mí me gusta”. Él, ante las cámaras, reconoció que “esperaba a una mujer al menos dos años más joven”. La respuesta fue no en ambas direcciones.

Esto ha sucedido en First Dates este jueves 18 de mayo, una semana después de que Carmen, una bailarina de 38 años, sorprendiera a propios y extraños con una confesión que no pasó desapercibida. Reconoció que podía sacar de su vagina “35 metros de pañuelos, collares, flores y hasta abrir botellines”. A ella no le gustaba ser “una más”.