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Samanta Villar: "Un bebé destruye tu vida. No puedes comer, dormir y ducharte en condiciones"

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Samanta Villar posa con su libro. / Virginia Carrasco

  • La periodista, famosa por sus programas en Cuatro, vuelve a hablar sobre los tópicos de la maternidad: "Yo no tenía un anhelo ni una sensación de que para que mi vida estuviese completa tenía que tener hijos"

No es la primera ni será la última que se topa con que la maternidad no es el camino de rosas que tenía en mente. Sin embargo, Samanta Villar (Barcelona, 1975) lo ha plasmado sin anestesia en el libro 'Madre hay más que una' (Planeta) para ayudar a otras mujeres que sufren "vergüenza y miedo por no vivir la experiencia tan bonita" de la que todo el mundo te habla, tal y como ella fue constatando a cada paso que daba para quedarse embarazada.

El 'zasca' de una madre a Samanta Villar tras decir que un hijo «quita calidad de vida»

Ser madre "me ha transformado como persona. Es un 'shock', porque de la noche a la manana tu vida la destruye un bebé. No podrás ducharte en condiciones, no podrás comer en condiciones, no podrás dormir en condiciones... Destruye tu vida, es así. Tener hijos es perder calidad de vida", asevera a bocajarro. Aunque, aclara sin apresurarse, que "luego la puedes reconstruir, y la vas reconstruyendo poco a poco".

Con esa misma calma vivió los cuatro años de tratamientos para poder quedarse embarazada hasta llegar a la ovodonación que obró el milagro, asunto que saca "del armario" porque es un tema que "está silenciado". "¿Sabes lo que pasa? Yo era muy feliz antes de tener hijos. Mi trabajo me encantaba, mi pareja... Yo no tenía un anhelo ni una sensación de que para que mi vida estuviese completa tenía que tener hijos". De hecho, confiesa, "yo no soy más feliz ahora de lo que era antes", aunque reconoce que hay momentos que son "preciosos. Una cosa no quita la otra".

Ahora, poco más de 10 meses después de tener a sus mellizos, a los que adora, Villar comenta con ironía que "lo mejor es ser tía" porque "es lo más cercano a la madre", pero se ahorra "el dolor físico del agotamiento y el hundimiento moral de decir: ¡no puedo más!".