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El actor Carlos Olalla pide limosnas en el metro de Madrid para sobrevivir

El actor Carlos Olalla pide limosnas en el metro de Madrid para sobrevivir
  • El intérprete ha reconocido en un programa que no llega a fin de mes y lleva cinco días recitando poesía en el suburbano junto a su madre para poder seguir adelante

Ni siquiera la experiencia de este veterano actor en la gran o pequeña pantalla del panorama nacional le ha librado de ahogarse en facturas. Le hemos visto en 'La sonata del silencio', en 'Tres metros sobre el cielo', en la serie 'El Príncipe' y en 'Sicarivs: La noche y el silencio', pero no le ha librado el duro presente que atraviesa.

Según publica ABC, Carlos Olalla tiene que buscar réditos en el metro de Madrid, pidiendo dinero mientras recita poemas junto a su madre Cristina Maristany, porque su economía no les permite comer.

«Es el teatro de la vida en el que estamos», se lamentaba el intérprete en una entrevista en 'La Ventana'. «A veces hay que bajarse de los escenarios para no perder contacto con la realidad», admitió, con la cabeza en alto, sin perder la dignidad.

Asegura que él y su madre no piden a los viajeros del metro, sino que dan. «Es decirles, "estamos aquí para leeros unos poemas porque estamos en paro como la mayoría de nuestros compañeros y compañeras de profesión, y queremos reivindicar algo que nos afecta a todos: que en este país los artistas puedan vivir de este trabajo"», contaba en esa misma entrevista.

«Creo que lo que estamos haciendo es algo muy digno que refleja la situación por la que pasamos la mayoría de actores y actrices», reflexiona Olalla, que saboreó las mieles del éxito logrando que la sociedad española identificase su rostro con el de un reputado actor. «En nuestra hambre y en nuestra dignidad mandamos nosotros, no ellos y eso es lo único que nos queda».

Nacido en el seno de una familia de la alta burguesía catalana, propietaria de empresas centenarias, Olalla se dejó la piel en la dirección de bancos, constructoras y consultorías. Le encantaba el cine pero jamás se había planteado actuar. «Cambié una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo», constata. El precio a pagar por una abultada nómina no le compensaba: «Nadie te regala el dinero. Si te pagan un pastón es porque te van a putear o te van a obligar a que putees».

Para Olalla, el propio colectivo de intérpretes favorece «la falacia» de que viven en un mundo ideal de fiesta y glamour. Ahora en los castings, desvela, se pregunta el número de 'followers'. «Nosotros mismos nos etiquetamos, siempre de alfombra roja en alfombra roja. Ponemos comentarios en las redes sociales para hacer ver que nos va bien, porque si no, no nos llaman». La cruda realidad es que si actúas en una sala de teatro alternativa no se cobran los ensayos. «Si haces cuentas no llega a una retribución neta de cincuenta céntimos a la hora», calcula el actor, que desde hace quince meses no se sube a un escenario en protesta por el IVA cultural del 21%. «No quiero prostituir mi profesión».