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Vuelve 'el niño de la tele' con un cambio radical: «No me llaman ni para 'Gran Hermano'»

  • Rubén Ramírez visitó el 'Late Motiv' de Buenafuente

'El niño de la tele', famoso por sus apariciones en televisión en los 90 en espacios como 'Farmacia de guardia', volvió a los platós esta semana gracias a Buenafuente y a su programa 'Late Motiv'.

Durante su intervención, Rubén Ramírez aprovechó para contar que, en la actualidad, tiene una obra de teatro en la que cuenta su historia y cómo le afectó la popularidad en los años 90.

Del mismo modo, Rubén Ramírez, el antiguo 'niño de la tele', sorprendió a toda la audiencia con su cambio radical de apariencia, lógica por el paso de los años, y comentó que la fama se ha disipado por completo de su carrera profesional: «Yo soy Rubén Ramírez y soy carpintero. Cómo está el teatro eh, para que le acaben dando un espectáculo a un carpintero, y es que soy un don nadie, no os pararíais a mirarme por la calle. Pero el caso es que yo antes era alguien, alguien para la gente. A mi antes la gente me quería. Ahora ya no me llaman ni para 'Gran Hermano'».

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Su pasado

Rubén Ramírez hacía las delicias de propios y extraños con sus imitaciones en la televisión española de los años 90 cuando también hizo ‘cameos’ en series como ‘Farmacia de guardia’. Pero, ¿qué ha sido, décadas después, de “el niño de la tele”? Es actor y habla de sí mismo en una obra de teatro que ha titulado precisamente así: ‘El niño de la tele’.

También presente en Twitter como @ElNinoDelaTele, Rubén Ramírez hizo chistes que cautivó a la audiencia cuando tuvo entre 8 y 12 años de edad. Eran virtuosas sus imitaciones sobre los presidentes José María Aznar y Felipe González o personajes mediáticos de la época como Carmen Sevilla o el maestro de periodistas Luis del Olmo.

Pero con el paso del tiempo se ha quejado en más de una ocasión de que no lo llaman para trabajar en televisión. Así que, a sus 30 años, ha comenzado a contar su historia encima del escenario de la sala Flyhard de Barcelona.

Salen sus continuos viajes en el puente aéreo entre la capital catalana y Madrid, siempre de la mano de su padre, y cómo el éxito le marcó el paso de la infancia a la adolescencia. No todos entendían su estilo de niño un poco repelente pero siempre entrañable.

Las consecuencias llegarían ya bien entrada su juventud. El teléfono dejó de sonar y, en palabras reproducidas por él en su propio guión teatral, “Rubén pasó de tocar el cielo a caer en el olvido en un santiamén”.

Ha terminado sus estudios, hace sus pinitos con su comedia en esta sala teatral orientada a producciones de dramaturgos contemporáneos catalanes, pero se ve en la tesitura de muchas personas de la generación nacida en los 80 con pocas oportunidades más allá de trabajos de subsistencia como el que desempeñó como carpintero en la empresa familiar.