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No solo de fútbol vive la pantalla

No solo de fútbol vive la pantalla
  • Los Juegos Olímpicos no comienzan de verdad hasta que no escuchamos a Luna narrar una carrera de natación

Mucho antes de que La Sexta extendiese un prototipo específico de mujer para ponerse al frente de la información deportivo ya había otras periodistas duchas en esta materia. Entre las más conocidas, María Escario (apartada de los telediarios hace unos meses y rescatada para los Juegos Olímpicos este año) y Olga Viza (a la que hace tiempo que inmerecidamente no vemos en pantalla). Luego, hay otras que llevan años metidas en harina de este costal aunque desde un lugar secundario, como son Julia Luna o Paloma del Río.

Reconozcámoslo, los Juegos Olímpicos no comienzan de verdad hasta que no escuchamos a Luna narrar una carrera de natación y a Del Río comentar una competición de gimnasia. Puede haber partidos de baloncesto, de waterpolo, carreras de relevos o descensos en piragua, pero hasta que estas dos voces no hacen acto de presencia, el espectador no es consciente de que se halla ante el evento deportivo por excelencia. El espectador siempre las está esperando para encender de verdad la llama olímpica desde el sofá.

Uno se pregunta qué pasa con Paloma del Río cuando terminan los Juegos. ¿Hiberna hasta dentro de cuatro años, que será cuando de nuevo resurja para contagiarnos de emoción mientras vemos las piruetas de nuestros gimnastas? No exactamente. Ha cubierto estos encuentros (de verano e invierno) en 14 ocasiones y a eso hay que añadir más de cincuenta campeonatos de Europa y del mundo. Estuvo en Seúl, Barcelona, Atlanta, Sídney, Atenas, Pekín, Londres, Lillehammer, Nagano, Salt Lake City, Turín, Vancouver y Sochi. Y ahora, en Río.

Nacida en Madrid en 1960 comenzó su carrera profesional en Radiotelevisión Española en 1986 gracias a una beca de prácticas en la sección de deportes de los informativos. Y eso que antes coqueteó con la Medicina (o casi). Para pagarse sus estudios trabajó de auxiliar de enfermería en la UVI de la Clínica Ruber, famosa por los famosos.

Su vida está vinculada al deporte. Cuando no se pone tras el micrófono para hablar de cuerdas, pelotas, aros, mazas o cintas, se sienta en un despacho como coordinadora de patrocinios y federaciones de la Dirección de Deportes de TVE. A esta casa está vinculada desde que sacó su plaza por oposición. Su primera retransmisión fue de un partido de tenis de mesa, pero después se ha especializado en hípica, esgrima, patinaje, gimnasia rítmica y artística. En algunas de estas disciplinas, por cierto, comenzó sustituyendo a Viza o Escario, a las que citábamos antes. Para que sus narraciones fuesen lo más precisas posible llegó a realizar cursos de juez, tanto de rítmica como de artística, para conocer al dedillo el código y contarlo sin errores a los espectadores. De ahí que sea capaz de distinguir cualquier giro, rebote, lanzamiento o rotación que no son perceptibles para el común de los mortales.

Autobiografía divertida

«Los Juegos Olímpicos son como la Feria de San Isidro o la de Sevilla para los toros, o como unas elecciones generales para los que trabajan en Nacional», señaló en una entrevista para Jotdown. Ella ha estado, por tanto, en muchas casetas y tiene anécdotas para dar y regalar. Por eso escribió 'Enredando en la memoria', biografía que define como «un relato divertido y sentimental de toda una vida de amor por el deporte y por los deportistas».

En ese libro narra cómo ha sobrevivido en una profesión con tanta inestabilidad como el periodismo y cómo ha sorteado no pocas situaciones machistas con las que se ha topado. «Tú, bonita, ¿prefieres estar aquí en vez de trabajando de enfermera?», recuerda, en la biografía que le espetó un compañero con cerebro pequeño y las manos muy largas, al parecer. Carácter no le falta a Del Río para enfrentarse a declaraciones o momentos desagradables.

Y cuando tiene que sacarlo, lo saca. En los últimos Juegos se quejó de la actitud del público brasileño, cuestionó algunas decisiones de TVE y corrigió a quien le afeaba algún comentario o ausencia de él durante las retransmisiones deportivas. Del Río demuestra que también se puede ser historia de la tele desde un lugar secundario.