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Tres bodas: un monárquico, un exjesuita de izquierdas y Alfonso

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El día de su boda con Luis Martínez de Irujo.

  • Con su segundo marido, Jesús Aguirre, antiguo miembro de la Compañía de Jesús, hacía el amor todos los días, según contaba Cayetana

Tenía media docena de nombres, pero su preferido era Cayetana. La duquesa de Alba, María del Rosario Cayetana Fitz-James Stuart y de Silva, huelga decir que nació en noble cuna. Nació el 28 de marzo de 1926, una noche en que su padre había invitado a cenar al doctor Gregorio Marañón, el filósofo José Ortega y Gasset y el escritor Ramón Pérez de Ayala. Su padre la educó con severidad, como si fuera un chico.

Fue bautizada en el Palacio Real, adonde la llevaron en carroza. Recibiendo el agua bautismal en lugar tan regio no es de extrañar que sus padrinos fueran el rey Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia, a quien los miembros de la Casa de Alba se dirigían con el nombre de Ena.

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Dicen los expertos que puede lucir 46 títulos nobiliarios, aunque a ella la acumulación de credenciales nobles le traía sin cuidado, o al menos eso decía. Su padre, Jacobo Fizt-James, era pariente de Churchill y amigo del economista Keynes. Gracias a las gestiones de su progenitor vino a España el descubridor de la tumba de Tutankamón, Howard Carter a dictar una conferencia.

Su madre, María de Rosario de Silva y Guturbay, murió cundo Cayetana tenía siete años. La duquesa recuerda a su madre siempre tumbada. Padecía tuberculosis y debía de tener un carácter fuerte. Cuando un día la niña se acercó a su cama, no dudó en arrojarle con violencia un bolso para no contagiarla.

En sus memorias, la duquesa recuerda que su primer marido, Luis Martínez de Irujo, se fijó en ella en los toros, una de las grandes pasiones de la duquesa. A favor del caballero jugaba la buena amistad que tenía con su padre, adepto a la causa de la monarquía. Don Jacobo evitó por todos los medios que la puesta de largo de Cayetana no coincidiera con la presencia del Caudillo en Sevilla. «¿Pero qué se ha creído?», exclamó Fitz-James, cuando se enteró de que el jefe del Estado pretendía que su hija Carmencita se pusiera de largo en la misma fiesta que Cayetana, en un acto social que tendría lugar en el Palacio de la Granja (Segovia).

Tras la muerte de su primer marido en 1972, víctima de una leucemia, la duquesa de Alba contrajo segundas nupcias en 1978 con el exjesuita Jesús Aguirre. Al principio la duquesa y el antiguo cura se cayeron mal. En su primer encuentro él habló lo imprescindible porque la visita de Cayetana le impidió echarse la siesta. Pese al mal comienzo, el matrimonio marchó sobre ruedas durante 23 años. «Lo de Jesús y yo fue el encuentro de dos almas distintas al resto del mundo, dos caracteres raros y originales», confesaba.

Y tan raros. El antiguo clérigo era un hombre con ascendiente dentro de la izquierda democrática. «Sus homilías eran famosas por su excelencia», aseguraba la duquesa. Sus dotes intelectuales no empalidecían su ardor sexual. «Jesús era muy hombre y sigo diciendo que hacíamos el amor todos los días», señalaba rotunda Cayetana en sus memorias.

Su tercer matrimonio fue con Alfonso Díez, quien siempre estuvo prendado de ella desde que conoció a Cayetana en un rastrillo de antigüedades. Ella sabía que los dos acabarían en el altar. Así se lo había pedido al Cristo de los Gitanos.