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Sevilla, el otro gran amor de la duquesa

Cientos de personas se concentran en La Plaza Nueva de Sevilla para despedir a la duquesa de Alba.
Cientos de personas se concentran en La Plaza Nueva de Sevilla para despedir a la duquesa de Alba. / Efe
  • La aristócrata eligió la capital andaluza para vivir y celebrar los acontecimientos más importantes de su vida

La mujer con más títulos nobiliarios, la aristócrata por antonomasia y probablemente la persona con la sangre "más azul" del mundo, la duquesa de Alba, siempre llevó a Sevilla como un emblema, como una divisa, como un título del que presumió tanto como de los que heredó de su padre.

La muerte de la duquesa de Alba, Cayetana para Sevilla, ha ensombrecido a una ciudad que le ha devuelto sus continuas atenciones y su amor por ella con la tristeza que se reserva para los parientes. Cientos de sevillanos han salido a las calles para dar su último adiós a la aristócrata y se concentran en La Plaza Nueva de Sevilla, frente a la puerta del Ayuntamiento donde se ha instalando la capilla ardiente, como último homenaje.

Cayetana parecía eterna, como los monumentos de la ciudad, como parecen serlo los principales atractivos materiales o inmateriales de Sevilla y, con esa apariencia ya casi evanescente y después de uno de los achaques de salud más severos que padeció en su vida, sacó adelante su tercera boda, con Alfonso Díez.

Boda que celebró, como casi todos los acontecimientos importantes de su vida, en Sevilla, saliendo a la calle para marcarse, aún vestida de novia y ante las mismas puertas del Palacio de las Dueñas, unos pasos por sevillanas en medio del corro que improvisó la gente.

El Palacio de las Dueñas era su casa por más palacios y fincas que poseyera por España, y como un hogar lo tenía, con las paredes de varios pasillos y salitas colmadas de fotografías de su familia.

En Sevilla fue anfitriona de Jackie Kennedy y de Gracia de Mónaco, a las que sentó en la Maestranza y paseó por la Feria de Abril, y en Sevilla presidió actos para ofrecer una imagen moderna de España con la que atraer al turismo internacional junto con Lola Flores y Manuel Fraga Iribarne en los sesenta.

Además de su casa, Sevilla era su refugio y el lugar que se reservaba para ser feliz, algo que debía contagiar a quienes la rodeaban, como a su segundo marido, Jesús Aguirre, uno de los grandes intelectuales del país que se dejó retratar para la prensa metido en un mono de obrero en los jardines de Las Dueñas.

"La ciudad más maravillosa del mundo"

Si Lord Byron comparaba Sintra con Venecia, Cayetana no se quedaba atrás y afirmaba que Sevilla era tan hermosa como la ciudad de los canales, e incluso iba más allá, y aseguraba que era "única".

También defendió a Sevilla como "la ciudad más maravillosa del mundo" y como el lugar del que se enamoró desde el primer momento que lo conoció, el mismo en el que, según reveló para su biografía, sintió "el primer gran amor": a los 16 años, del torero Pepe Luis Vázquez.

Si conoció a Winston Churchill, tomó el té casi semanalmente con la reina Isabel de Inglaterra durante su residencia en Londres y se codeó con Charlie Chaplin -el padre de Cayetana fue uno de los hombres más admirados por el cómico-, además de con Walt Disney, Gary Cooper, Marilyn Monroe, James Stewart y Marlene Dietrich, no era un secreto para nadie que ella estaba más a gusto en otro lado.

Y esa otra parte siempre fue Sevilla, con sus amigos, el torero Curro Romero, su inseparable Carmen Tello, los diseñadores Victorio y Lucchino y sus "rincones maravillosos": la sombra de la Maestranza o una esquina de Dueñas al paso de la cofradía de Los Gitanos, para la que erigió una capilla de nueva planta.

La ciudad siempre le ha correspondido con su afecto y su imagen mira al Guadalquivir desde hace años, formando ya parte del "aire y estilo" de Sevilla, como diría Manuel Machado.