Cuando el alquiler puntual es más rentable que un inquilino fijo

Piso en alquiler en un edificio ubicado en el centro de Madrid. /Susana Vera (Reuters)
Piso en alquiler en un edificio ubicado en el centro de Madrid. / Susana Vera (Reuters)

Un estudio de pisos.com revela la evolución de precios en las ciudades por las nuevas ocupaciones turísticas

R. C.

La creciente popularidad de la economía colaborativa ha provocado una revolución en las ciudades que ha llegado incluso al cambio físico y demográfico de las mismas. Plataformas como Airbnb han potenciado el turismo barato a través de alquileres puntuales turísticos, pero su popularidad ha conllevado también una modificación de la economía y de las políticas de las localidades con mayor interés turísticos. A la mayor facilidad para viajar (menores costes, mayores facilidades gracias a los avances tecnológicos) se contrapone una creciente dificultad para los residentes.

Esta semana el Ayuntamiento de Madrid anunció que supendería durante un año la concesión de licencias para pisos turísticos y en Barcelona la lucha contra las rentas ilegales comenzó en 2016 -con más 6.000 expedientes abiertos durante el primer año- por una creciente demanda ciudadana. La realidad se había anticipado con rapidez y ahora tratan de encontrar una vía para encauzar el flujo que llega a España, una de los tres países con más turistas del planeta.

Los datos revelan que la situación va más allá de la mera percepción y que todo el mercado se ha visto afectado junto a las nuevas oportunidades de negocio. «Los propietarios que disponen de una vivienda bien situada han visto en el alquiler puntual por días o semanas un negocio mucho más rentable que tener un inquilino fijo con un contrato de varios años», indica Ferran Font, director de Estudios de pisos.com. Todavía no hay una base de datos oficial sobre el alquiler vacacional y las opciones para explotar otra cara de la economía sumergida han propiciado que se disparen los alquileres no declarados que ofrecen dinero fácil, rápido, sin facturas y, a veces, con mayor volumen que el de un residente habitual. Así, el nuevo negocio se retroalimenta y fomenta su repetición.

Pero además, junto a la gentrificación, la saturación y las dificultades de acceso a la vivienda de residencia, el precio ofertado oficial, evidentemente, ha evolucionado de manera paralela. «El alquiler lleva ya un par de años en boca de todos debido a la escalada que han experimentado las rentas en ciertas ciudades, la mayoría con gran arraigo turístico», constata Font después de comparar lo que estaban dispuestos a pagar los inquilinos y lo que estaban dispuestos a cobrar los propietarios durante los últimos años. En España, el alquiler medio sugerido por la demanda se mantuvo estable en 450 euros de media hasta 2013, bajando en 2014 a los 350 euros -una renta que se repitió en 2015 y en 2016-. En 2017, los inquilinos volvieron a subir su propuesta a 450 euros, según el estudio de pisos.com. Por ciudades, el reflejo del interés turístico es mayor: Barcelona fue la capital en la que la demanda lanzó la apuesta más alta por el alquiler durante 2017: 950 euros de media. Madrid y San Sebastián secundaron la tendencia con un presupuesto de 850 euros.

Comparación entre oferta y demanda de alquileres desde 2011 hasta 2017 en España.
Comparación entre oferta y demanda de alquileres desde 2011 hasta 2017 en España. / pisos.com

Ante la situación y la creciente preocupación de inquilinos habituales y propietarios no rentistas las medidas se están diversificando sin alcanzar un punto de referencia que sirva como pilar. En las islas Baleares, el alquiler de pisos a turistas continuará prohibido hasta que el próximo verano los consells insulars y el Ayuntamiento de Palma determinen en qué zonas y con qué condiciones se autoriza mientras que se permite el alquiler a turistas sin límite de tiempo en viviendas unifamiliares (chalés) y pareados. «Hay un acuerdo para que mientras haya problemas por la falta de vivienda en la isla no se autorizarán alquileres turísticos en plurifamiliares, pero hay que hacer la correspondiente zonificación como obliga la ley», explicó el director insular de Turismo, Vicent Torresal Diario de Ibiza. Sin embargo, eso no ha impedido que haya problemas para encontrar una vivienda de alquiler estable o que se multipliquen las ofertas puntuales. «600 euros por una habitación compartida sin derecho a cocina ni baño o 400 por un colchón en una terraza con toldo son solo algunas de las barbaridades que llegan a ofertarse a través de internet», ejemplifica en su página web la asocicación 'Ibiza afectados con los alquileres'.

En Barcelona, el número de funcionarios dedicados a controlar las ofertas ilegales de pisos se ha triplicado mientras que en otra vertiente sigue la pugna con las plataformas de ofertas estacionales. En Madrid, un nuevo proyecto pretende establecer un reglamento por zonas minetras los barrios más 'atractivos' para los visitantes observan la llegada masiva de turistas. En Ámsterdam, la ley establece que un particular un límite de dos meses al año para alquilar su piso. Por el contrario, en Berlín se han rendido: la capital alemana aprobará este año un reglamento que autoriza los pisos de plataformas como Airbnb pese a que quiso prohibirlos en 2016.

Evolución de alquiler por capitales.
Evolución de alquiler por capitales. / pisos.com

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