Trofeo Conde de Godó

Conde, duque y once veces rey del Godó

Rafa Nadal, con el Trofeo Conde de Godó. /EFE
Rafa Nadal, con el Trofeo Conde de Godó. / EFE

El griego Tsitsipas no fue rival para Nadal, que triunfa de nuevo en Barcelona y se asegura ser número uno del mundo dos semanas más

MANUEL SÁNCHEZ

Hace exactamente doce años, Rafa Nadal, un chico de algo más de 14, sumó su primera victoria ATP al vencer al paraguayo Ramón Delgado en el torneo de Mallorca. Este domingo, en la pista que lleva su nombre y 16 'Grand Slam' y 77 títulos después, el tenista de Manacor sumó su undécimo Conde de Godó y se aseguró, durante dos semanas más, el número uno del mundo. Conde, duque y rey, Nadal ya tiene todo entorchado posible en el club de toda su vida.

Ante un joven como Stefano Tsitsipas, griego y número 63 del mundo, Nadal demostró el por qué es el rey de esto. El balear le bajó de la nube en la que llevaba toda la semana (6-2 y 6-1 en poco más de una hora) y le enseñó una lección para el futuro. No se puede llegar a la casa del rey y tratarle de tú a tú, que es lo que hizo el griego en los primeros compases, en ese primer juego que se disputó con las dudas de si la lluvia respetaría el partido del campeón.

Al cielo nublado de Barcelona le acompañó un Tsitsipas que adelantó sus mejores armas en el primer juego. Buen saque y capacidad de lanzar ganadores desde dentro de la pista. Quizás falto de carácter o intimidado por la central del Real Club de Tenis de Barcelona, sus gestos eran cohibidos y escasos. No estaba allí para ganar. Eso quedó claro en cuanto Nadal puso otra marcha, pero tampoco lo estuvo para dar mucho más espectáculo que el que su juego estético y estiloso le presupone.

Y es que el público del Godó apenas pudo disfrutar de su preciosista revés a una mano, ese que exhibió en contadas ocasiones. En lugar de dar la cara, se quedó atrás en la pista y se perdió sin una táctica clara y sin soluciones. Como si hubiera arrancado a verlas venir. Alejado de la línea de fondo sufría a merced de un Nadal que a medida que salía el sol se sentía más cómodo.

Llegaron dos roturas en blanco y Tsitsipas, lejos de reaccionar, pareció reconocer su derrota. Su mente, aún no acostumbrada a estas batallas -era su cuarto enfrentamiento ante un 'top ten'-, se dobló ante el balear, omnipresente en todo el campo, capaz de dominar desde el fondo como de lanzar un remate de espaldas que levantó al público y le sirvió para poner el 5-1 en el marcador.

La resaca que deja a sus rivales el perder el primer set ante Nadal y la montaña mental que supone pensar en llevar a tres sets al rey de la tierra batida hicieron mella en el joven heleno.

Sólo algún golpe de genio, de esos que crean esperanza en la generación del futuro, como un revés paralelo a la línea, alumbraron el oscuro camino del griego.

También se vio perjudicado porque Nadal ya había cogido la inercia y, como los comentaristas ingleses destacaron, «está en un momento que todo lo que toca lo convierte en oro». Y es que como si del rey midas se tratara, el español, con la rotura ya sellada, encadenó tres golpes de número uno, incluyendo dos 'passing shot' desde el fondo para deleite de la abarrotada grada del Godó.

Sólo el cuarto juego, en el que llegaron las primeras bolas de rotura para el griego, inquietaron el plácido camino del balear.

No obstante, las gradas supieron premiarle el esfuerzo de la mejor semana de su vida -llegó a la final sin ceder un set-, y por eso le ovacionaron cuando sumó su primer juego del segundo parcial.

Pelo largo, banda para protegerlo y el descaro suficiente como para batir a un semifinalista de Roland Garros como Dominic Thiem en cuartos y al local Pablo Carreño en 'semis'. Tsitsipas dejó su sello en el Godó, escaló hasta el número 44 del ránking y se quedó con el trofeo de subcampeón, porque el de campeón tenía el nombre enmarcado desde que Nadal se apuntó al torneo.

Cuando Tsitsipas entregó su servicio y con ello el partido, Nadal levantó ambos brazos, sonrió y, tras saludar a su rival se dirigió al centro de la pista en la que ha ganado en once ocasiones, para disfrutar durante unos instantes de la merecida ovación.

A un lado, como ganador, quedó Nadal, con más de 900 victorias ATP desde aquel 29 de abril de 2002 cuando logró la primera. Al otro, Tsitsipas, con sólo 15 triunfos y el primero conseguido en octubre del año pasado. A un lado el rey de la tierra y de Barcelona, al otro uno de los aspirantes al trono. Del de Barcelona ya ha quedado claro que a Nadal costará mucho echarle.

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