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Del Potro, la torre que no se dejó derribar

Juan Martín del Potro, con el trofeo de Indian Wells. /Efe
Juan Martín del Potro, con el trofeo de Indian Wells. / Efe

El argentino estuvo hace dos años más allá del puesto 1.000 de la clasificación mundial y ahora se aúpa a la sexta posición. Tras varias operaciones en la muñeca y a sus 29 años, Del Potro conquistó su primer Masters 1.000 en Indian Wells y apunta a 2018 como su gran año

MANUEL SÁNCHEZMadrid

En la Argentina de los años 30, Carlos Gardel entonaba aquello de «Volver con la frente marchita», a ritmo de tango y de balada, con la cabeza puesta en un país que trataba de salir adelante y en el que el arte y el deporte siempre se han fusionado en una imagen que apenas permite apreciar diferencias entre un regate de Maradona y un verso de Borges.

En el centro del país albiceleste, una torre surgió en la ciudad de Tandil: Juan Martín del Potro. Una construcción de casi dos metros de altura que fue capaz de conquistar el Abierto de los Estados Unidos en 2009 remontándole a Roger Federer, poniendo los cimientos de lo que parecía una carrera meteórica, pero que quedó venida a menos debido a las lesiones, esas que solo le han permitido brillar en destellos.

Su punto más oscuro llegó en febrero de 2016, cuando tocó fondo en el ranking al caer a la posición 1.045 del mundo. Irreal, porque su ranking protegido por las lesiones le permitió jugar torneos de renombre, pero suficiente para recordarle que el camino hasta la cima era largo y capaz de empequeñecer al más grande.

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Su temporada 2016 fue un claro reflejo de su carrera. Sin la regularidad de otros, su mecha se encendió a chispazos. Sin grandes resultados en el circuito (solo conquistó el torneo de Estocolmo), sus sueños llegaron en competiciones paralelas como los Juegos Olímpicos y la Copa Davis. En la primera se hizo con una plata olímpica que casi le supo a oro, tras derrotar a Rafael Nadal en semifinales, y en la segunda hizo campeón por primera vez a su país, tras levantarle dos sets en contra a Marin Cilic en la final entre Croacia y Argentina en tierras balcánicas.

Del Potro había escalado hasta el puesto 38 del mundo, pero los problemas físicos le volvían a golpear en el comienzo de 2017 y le obligaron a ver por la televisión cómo jugadores más veteranos como Nadal y Federer disputaban los grandes títulos, mientras él era incapaz de alcanzar unas semifinales hasta llegar a Nueva York.

«Valió la pena»

En Estados Unidos eliminó a Federer, rememorando la gesta de 2009, pero fue frenado en semis por un Nadal intratable. Sin embargo, el argentino ya estaba para luchas con los grandes y así lo demostró revalidando el título de Estocolmo y alcanzando las finales de Shanghái y Basilea. Se quedó a las puertas de acceder a la Copa de Maestros, pero su juego estaba ya prácticamente recuperado y, la parte más castigada, el revés, a punto.

Las cuatro operaciones de muñeca obligaron a Del Potro a cambiar su golpe natural con el revés para esquivar el dolor, por lo que a su tremenda derecha le acompañaba un revés débil en el que el cortado llevaba la voz cantante.

Con el paso del tiempo fue ganando en confianza y como demostró el domingo ante Federer, es capaz de soltar el golpe con naturalidad y hacer daño.

Ya en 2018, al mal resultado de Australia -eliminado en tercera ronda- le han acompañado once victorias consecutivas con los títulos de Acapulco e Indian Wells, el primer Masters 1.000 de su carrera, en lo que parece la resurrección total del fénix de Tandil.

«Valió la pena todo este sacrificio. Jamás imaginé vivir todo esto. Me sorprendo a mí mismo y espero seguir sorprendiendo al circuito», explicó el argentino.

Con esa mentalidad, la de sorprender, Del Potro debe dar un golpe encima de la mesa en el circuito, ya que, ante la plaga de lesiones de los mejores, Del Potro puede encontrar un hueco para al fin completar una campaña con regularidad y varios éxitos. El segundo ‘Grand Slam’, seguir sumando Masters 1.000 y por qué no, mejorar su mejor ranking histórico (4), son objetivos plausibles.

«Que veinte años no es nada», recitaba Gardel. Y 29 tampoco para un Del Potro, quien al fin sonríe a 2018, año que puede ser completamente suyo.

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