Bastad

El amor al tenis de David Ferrer

David Ferrer./Efe
David Ferrer. / Efe

El alicantino, tras conquistar su tercer título en Bastad, muestra la ilusión al ganar de un chico de 20 años

MANUEL SÁNCHEZ GÓMEZ

El pasado fin de semana, el jugador ruso de 19 años Andrey Rublev se hizo con el primer título de su vida en Umag (Croacia). A 1.700 kilómetros de allí, en Bastad (Suecia), David Ferrer levantó su entorchado número 27, el primero desde que venciese en Viena 2015. Entre ambos jugadores, distan 16 años, pero no es solo la edad lo que los diferencia. Cuando el rival del ruso, el italiano Paolo Lorenzi, dejó la bola en la red, entregando el título a Rublev, este fue calmado, lo celebró con una tímida sonrisa y un pausado camino hacia la red.

Cuando al rival de Ferrer, el ucraniano Alexander Dolgopolov, en el séptimo punto de partido a favor del alicantino, se le escapó una pelota larga, el que fuera número tres del mundo levantó los brazos al aire mientras reía, se tomó un respiro y miró a su palco con cara de alivio y felicidad. Segundos después de saludar a Dolgopolov y al juez de silla, comenzó a saltar en la tierra sueca y corrió a abrazarse con los suyos. La ilusión de un joven jugador, reencarnada en el cuerpo de un tenista que, con 35 años, aún tiene ganas de demostrar que puede seguir dando guerra.

La tercera victoria de su vida en Bastad (2007, 2012 y 2017) llega en un momento de mucha necesidad para el alicantino. Ferrer ha conseguido levantar un balance en 2017 (15 victorias y 14 derrotas) que antes del torneo sueco era negativo. Con los 160 puntos que ha sumado (250 por ganar el torneo menos 90 de las semifinales que alcanzó el año pasado), vuelve al top 40, como número 33 del mundo. Aún queda lejos el top 10, que abandonó el 15 de mayo de 2016, tras casi seis años entre los diez mejores del mundo. Probablemente, volver ahí sea imposible, como lo puede ser volver a una final de Roland Garros (2013) o conquistar otro Masters 1000 (París 2012).

No obstante, Ferrer disfruta de cada pequeña victoria como el que saborea las mieles del éxito en Wimbledon o en Melbourne. Lo importante para él no es cuán grande sea la copa a levantar, sino la forma en la que se consigue y la capacidad para exprimir cada gramo de felicidad de ella. Su 27º título no es el de más renombre ni el más espectacular, pero sí lleva un componente sentimental detrás que recuerda a lo vivido con las victorias este año de Rafa Nadal en Roland Garros o de Roger Federer en Australia y Wimbledon.

Dentro de unos años, cuando a Ferrer le pregunten sobre los triunfos más especiales de su carrera, Bastad puede que no sea nombrado, pero siempre que el alicantino mire la copa plateada de campeón, esbozará una sonrisa, como en los mejores tiempos.

El que es, según la ATP, el mejor tenista en la historia sin tener un "Grand Slam" en sus vitrinas, cuenta con 35 años y pese a lo que demuestran día a día jugadores como Federer (35), Wawrinka (32) o Feliciano López (35), la retirada acecha a la vuelta de la esquina. Ferrer no juega por dinero, los 73.000 euros por vencer en Suecia son lo de menos para un tenista que se ha embolsado 26 millones de euros en su carrera, y cuya motivación para entrenar cada día, viajar y sacrificarse, va más allá de un puñado de billetes.

Le queda disfrutar y dar el máximo por un deporte que le ha hecho grande. David Ferrer, al que la época que le ha tocado, con los grandes campeones de la historia, le ha impedido erigirse en una figura aún mayor, es el mejor ejemplo posible para todo aquel que desde pequeño, decida emplear su vida en practicar cualquier tipo de deporte.

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