Baloncesto

El 'yanqui' que creció con Puleva y llegó a la NBA

Con Holly, su mujer, ahora.
Con Holly, su mujer, ahora. / D. P.

Dave Popson fichó por los Boston Celtics tras jugar en Granada | Se siente «agradecido» por la oportunidad que encontró en el equipo de Murado, al que dice que «habría vuelto con los ojos cerrados»

Sergio Yepes
SERGIO YEPES

Que el extinto club de Oximesa, aquel primero en representar a la ciudad de Granada en la Liga Endesa de baloncesto, no sólo llegó a ser un caladero de talentos sino que también la lanzadera hacia instancias superiores de los más significados es algo de lo que puede dar fe el polivalente norteamericano David Gerard 'Dave' Popson (17/04/1964). En el trasiego de aquella temporada 1989/90 en la que entidad presidida por José Antonio Murado presentó por vez primera el patrocinio de la empresa láctea Puleva el jugador de Kingston, Pensilvania, fue contratado para dar sustitución al pívot bosnio Milenko Savovic. Y aunque lo cierto es que su rendimiento inicial no fue el deseado por sufrir «un ataque importante de bronquitis» y tardar «cinco o seis semanas en acostumbrarme a la vida de España», lo cierto es que el yanqui se acabó coronando. Tras reconvertirse a la perfección a la posición de center -más en consonancia con sus 210 centímetros que la de alero-, el que fuera profesional formado en la Universidad de Carolina del Norte llegó a firmar promedios de 16, 1 puntos y 6,7 rebotes que le permitieron reabrir las mismísimas puertas de la NBA por vía de aceptar la oferta que le brindó uno de sus clubes más potentes: los Celtics de Boston. Y eso es algo que le hace estar «agradecido» hoy que sigue recordando a algunos de los que fueron sus compañeros de fatigas. Especialmente, al alero Manolo Piña, «un gran chico», y al también pívot Matt White, de quien desconocía que tuvo una «horrible manera de dejar el mundo».

En declaraciones a IDEAL, Popson señala que «cuando llegué a Granada -12 de diciembre de 1989- no quería estar allí». Tampoco «en el resto de España o en cualquier lugar de Europa». Había comenzado la Liga en Albany Patroons, un club de la ya desaparecida liga menor americana CBA. Y lo cierto es que aún «me sentía mal» porque en el verano previo había estado de campus con los propios Celtics pero sin ser seleccionado.

«Gente fantástica»

Sin embargo, su ánimo cambió poco a poco. Le agradó que «la directiva del Puleva la compusiera gente fantástica, muy complaciente y comprensiva». Además, «me encantó» el clima que se respiraba en el Pabellón de Albolote, una instalación que «era dura para entrenar porque hacía mucho frío cuando estaba vacía» pero que se convertía en «estupenda cuando se llenaba en los partidos, donde animaban muchos los aficionados». Pero es que aparte, el bienestar que acabó encontrando en Albolote, y le sirvió para relanzarse, se debió a que se sintió «muy bien tratado» por una «plantilla con la que disfruté ese año».

Así, Popson tiene «buenos recuerdos» del base y el escolta Luis y José Álvarez, hermanos de quienes señala que «me gustaron como jugadores» y replica que «no me puedo creer que sean ahora jueces». Además, dice que Piña «era un tipo fantástico» que «se ganó mi respeto por todo lo que me ayudó». Y encima, asegura que «nunca tuve problemas en jugar con -el fiestero, pero espectacular ala /pívot- Dallas Comegys, con quien coincidí previamente en la escuela secundaria». Y del que lo más que llega a referir es que «era un tipo diferente que puede que hiciera las cosas de un modo diferente». Por ejemplo, «cuando a mitad de la temporada dejó el equipo durante una semana para volver a Estados Unidos y acabó regresando estando listo para jugar, pero sin que se explicara nada al equipo».

Ahora bien, si Popson resalta a un compañero de aquel paso por Puleva que hoy dice que «es algo que me envió Dios, aunque entonces no lo supiera» es a su compatriota Matt White. «Pasábamos mucho tiempo juntos. Era una persona muy inteligente, un veterano del basket europeo que me enseñó trucos y fue una gran influencia para mí», destaca para pasar a mostrarse asombrado cuando conoce que en febrero de 2013 White fue asesinado por su esposa, enferma de esquizofrenia. «Ella tuvo que volverse loca, porque cuando yo la conocí parecía muy sensata», apunta en relación a María Reyes García-Pellón.

Contra Arvydas Sabonis

Sobre una vallisoletana que en cierta manera formó parte también del 'paisaje' que se creó alrededor de Popson en aquella campaña que encima le ofreció la «posibilidad de enfrentarme a Arvydas Sabonis» (entonces en el Forum de Valladolid). O que se saldó, gracias en parte a su buena aportación, con una novena posición en la Liga regular de la A2, una última en el grupo II de la segunda fase, y la definitiva salvación tras victoria ante Gran Canaria (3-1) en la primera eliminatoria por la permanencia.

«Dusko Vujosevic, era un buen tipo y sabía entrenar muy bien a los jugadores altos. Pero no ganábamos los suficientes partidos para que hubiera seguido trabajando en Granada. Y Antonio Gómez Carra (que es quien lo sustituyó), logró que mejorara la situación», resume para concluir que «jugar aquel año con Puleva me supuso entrenar dos veces al día y así conseguir una gran forma mental y física». Un buen estado de forma que aunque curiosamente no se tradujo en una oferta de renovación -«me habría gustado haber vuelto al Puleva, lo hubiese hecho con los ojos cerrados»- sí que le alcanzó sin embargo para dar por cumplido su también anhelado «objetivo de jugar en los Celtics» El 14 de agosto de 1990 se incorporó como agente libre al cuadro de Massachussets y en compañía de históricos como Reggie Lewis, Larry Bird, Kevin McHale o Robert Parish llegó a disputar 19 partidos, el mejor saldo de su carrera en la NBA.

«Boston me había estado vigilando porque su 'scout' en Europa era un yugoslavo amigo de Vujosevic. Y me incorporé a su plantilla, con la que jugué más que en Los Ángeles Clippers y Miami Heat (10 y 7 duelos, 1988/89) o Milwaukee Bucks (5, 1991/1992)», resume con orgullo y satisfacción. Pero sin dejar de olvidar que los veintiséis partidos que llegó a disputar con la formación alboloteña sirvieron para marcar un punto de inflexión en su carrera y también en su trayectoria vital. «Espero que algún día me pueda reencontrar en vida con los que fueron mis compañeros», concluye sabiendo de la dificultad de ver cumplido el deseo a sus 53 años.

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