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Cuando Urdangarín quiso coronar el Palacio

Iñaki Urdangarín se predispone a la defensa en un encuentro disputado con el FC Barcelona./EFE
Iñaki Urdangarín se predispone a la defensa en un encuentro disputado con el FC Barcelona. / EFE

Como miembro del Barcelona o la selección española, el acusado en el Caso Nóos perdió las dos finales que afrontó en la cancha nazarí | El duque de Palma llegó a disputar cinco encuentros en la instalación granadina a mediados de los noventa

Sergio Yepes
SERGIO YEPES

Que el duque de Palma Iñaki Urdangarín (15/01/1968) viva ahora momentos de máxima tensión después de que el 31 de julio trascendiese que había solicitado al Tribunal Supremo que le declarase inocente de toda implicación en el Caso Nóos pudo hacer evocar que en un pasado relativamente reciente su figura era reluciente y no tan depauperada por la sospecha. Que en vez de a seis años y tres meses de prisión por presuntos delitos de prevaricación, malversación de caudales públicos y fraude a la Administración, entre otros, se enfrentaba a los más gratos reconocimientos públicos. Y todo a consecuencia del gran jugador de balonmano que fue desde su irrupción como profesional en 1986 y hasta aquel año 2000 en que firmó su retirada. En definitiva, por aquellas artes mostradas como gran lateral zurdo de las que incluso quiso dejar constancia en Granada.

Y es que bien como integrante del FC Barcelona -el club en el que desarrolló toda su carrera- o bien en representación de la selección española, el de Zumárraga llegó a disputar a mediados de los noventa hasta cinco compromisos en el Palacio Municipal de los Deportes situado en el Paseo Emperador Carlos V. Eso sí, con no mucha fortuna. Porque lo cierto es que el marido de la Infanta Cristina perdió las dos finales que disputó en la cancha nazarí, donde completó el balance con tres victorias un tanto insignificantes, o menos trascendentes. Eso permite ahora aseverar que su paso por la capital no estuvo a la altura de ese excelso palmarés que rubricó consiguiendo 10 títulos de Liga, 7 de Copa del Rey y 9 Supercopas, a nivel de clubes. O de las medallas de bronce que obtuvo en los Juegos Olímpicos de Atlanta (1996) y Sydney (2000), o en el Europeo de Croacia (2000), en el marco de los 154 partidos en los que defendió los intereses de la nación que tanto se avergüenza ahora de su presunto comportamiento.

La primera oportunidad que tuvo Urdangarín de jugar en Granada fue el 8 de enero de 1989, cuando el combinado nacional se midió con el de la antigua Unión Soviética en el pabellón del estadio de la Juventud. Sin embargo, el seleccionador Emilio Alonso no lo tuvo en cuenta en aquel partido amistoso que se saldó con una sorprendente victoria de España por 20-19 que vengaba una derrota previa en el Torneo del Almería. Así las cosas, hubo que esperar casi un lustro para que los amantes del balonmano en Granada pudieran disfrutar 'in situ' de sus evoluciones. Concretamente, hasta el miércoles 12 de octubre de 1994, que es cuando la instalación del Zaidín se engalanó para albergar la final de la décima edición de la Supercopa.

Aunque lo cierto es que Urdangarín no tendrá buen recuerdo de ello. Porque fue el Teka de Santander, y no la escuadra azulgrana a la que pertenecía, quien se alzó con el que fue el primer título oficial de aquella temporada 1994/95 al imponerse por 22-20. El guipuzcoano no formó parte del septeto inicial elegido por Valero Rivera. Y encima, tras conseguir un único gol no pudo evitar la reacción de los de Julián Ruiz en la segunda mitad después de que fueran perdiendo por 10-12 al descanso. 5.500 espectadores pudieron seguir entonces las evoluciones del por entonces deportista de élite.

Yugoslavia y el Huétor Tájar

Pero es que aparte, Urdangarín no pudo limpiar la mancha que dejó en Granada formando parte de la selección que entre el 6 y el 8 de enero de 1995 (sábado a lunes) disputó en el Palacio Municipal de los Deportes la vigésima edición del Torneo Internacional de España, un evento de carácter amistoso que aún se sigue celebrando. Esto fue así porque el ahora acusado fue uno de los principales responsables de que los que dirigía Cruz María Ibero no pasaran de ganar dos de los tres partidos programados y así se tuvieran que conformar con la segunda plaza del evento. Destacando más por sus virtudes defensivas que por las ofensivas, ejerció de titular en la victoria inicial ante Eslovenia (23-19, con 1.500 espectadores en los graderíos). Y repitió al día siguiente en el partido ante Francia en el que dos goles suyos ayudaron a posibilitar un nuevo triunfo por 17-22 que presenció la misma cantidad de público.

No obstante, Urdangarín no consiguió estar a la altura en lo que fue su segunda final en Granada. Volvió a ser empleado de inicio, pero también a quedarse en blanco, o a no estar muy concentrado en defensa, y así Yugoslavia lo tuvo más fácil para ganar (24-27). Claro que por aquel entonces era sólo un segundo espada de la Selección que era encabezada por Mateu Alemany -un valenciano que también se desenvolvía como lateral zurdo-, o el central barcelonés Enric Masip. Ni más ni menos que el considerado por muchos críticos como el mejor jugador español de balonmano de la historia.

Finalmente, la última vez que Urdangarín jugó en Granada fue a los pocos días. Concretamente, el 29 de enero de 1995 y nuevamente en el marco de una competición oficial oficial: la décimo novena jornada de la Liga ASOBAL. Entonces hizo acto de presencia en el Palacio con el FC Barcelona para medirse al colista Huétor Tájar. Y el que fuese vicepresidente del Comité Olímpico Internacional volvió a ser titular, contribuyendo con tres goles a un triunfo de los de Rivera (23-32) que pudo resultar engañoso porque por sorpresa los locales llegaron a dominar (17-15). Un amago de nueva decepción para Urdangarín en Granada que acabaría tomando forma a final de aquella Liga 1994/95 en la que Elgorriaga Bidasoa se proclamó campeón.

Además, el consuelo por vía del amor ya no le llegaría hasta finales de julio de 1996, que es cuando conoció a Cristina de Borbón.

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