Fútbol Sala

Las reinas granadinas en el trono chico

Nerea Durán pisa la pelota en La Granadilla./N. D.
Nerea Durán pisa la pelota en La Granadilla. / N. D.

Nerea Durán y Rocío Gómez no se dejaron seducir por el fútbol y ahora brillan en la Primera de futsal | Militan en el Majadahonda y el UCAM de Murcia, donde compaginan con los estudios y cultivan la ambición de poder llegar a la selección absoluta

Sergio Yepes
SERGIO YEPESGRANADA

Sus méritos aún no fueron advertidos por la muchedumbre ni las firmas con las que garabatean los contratos tampoco es que sean valorados entre los fetichistas de autógrafos, pero contactar con la bracanense Nerea 'Nery' Durán (01/12/1994) y la alhendinense Rocío Gómez (08/11/1998) resulta más complicado de lo que cabría imaginar por la escasa notoriedad pública que tienen. Principalmente, porque compaginan la actividad académica que les resulta propia por edad con el fomento de «la pasión» que vienen mostrando desde chicas por el fútbol sala. Esto es, la especialidad en la que se están coronando y por la que dieron calabazas al deporte rey, pese a sentirse facultadas para practicarlo y los perjuicios económicos que pudo aparejarles resolver la diatriba. Militando respectivamente en el Majadahonda Afar4 FS y el UCAM de Murcia son las únicas exponentes locales en la Primera división española, una de las máximas categorías más reconocidas en el ámbito mundial. Y aunque ni son aclamadas allá por donde van, ni tampoco legiones de fans veneran sus virtudes, el potencial que muestran le puede hacer sentir una reinas. Reinas del trono chico.

Nerea Durán entiende que en el balompié «cada jugador tiene su zona», que «es en la que puedes entrar en acción o aburrirte», mientras que «el fútbol sala es mucho más vibrante y participativo». Por eso le cuesta asumir menos que en su primera experiencia en la élite del futsal nacional sólo esté percibiendo «un sueldo con el que cuesta vivir» aparte de «los gastos del piso».

Después de tres temporadas en el Loja FS, con el que llegó a jugar en Segunda, fue descubierta en «un torneo de verano» por el actual duodécimo clasificado de Primera. Y con su fichaje no sólo pudo percibir que «hay bastante diferencia entre las divisiones», pues en la superior «los equipos son más intensos», sino que también disfrutar una nueva vivencia, precariedades aparte. «Esto me lo tomo como una experiencia más, a ver hasta dónde puedo llegar. Poco a poco he ido avanzando. Y la verdad es que me gustaría seguir aprendiendo», dice quien así prologa que «quisiera seguir en este club un poco más. Firmé por sólo un año, pero la verdad es que estoy muy a gusto». Además, el hecho de que esté completando «un ciclo formativo de grado superior en dietética» le hace ganar en prosperidad de cara al futuro y le compensaría la ligera decepción que le supondría que el tratarse de ala zurda «muy luchadora y buen disparo» no le alcanzase para cumplir un sueño que empieza a considerar prohibitivo. «Jugar en la selección lo veo bastante lejos, pero si algún día me llamaran sería algo increíble», concluye.

Y todo, después de advertir que conoce de sobra su homóloga. Se trata de Rocío Gómez, que es con quien coincidió en el Loja (2013/14) y ahora se trata de una de las principales estandartes del UCAM: el equipo que marcha en la novena plaza y en el que pudo refrendar que tomó la elección correcta.

Una pasión

«El fútbol sala es mi pasión, lo que necesito en mi vida aparte de la familia y los estudios. Siempre me ha gustado. No podría estar sin él. Y mi idea es llegar muy alto», explica la ala/cierre siempre teniendo presentes los inconvenientes que en sus orígenes le supuso no quedar prendada por los mediáticos futbolistas del momento. Apostar por un deporte «más técnico y táctico y que le permite «entrar más en juego». «Al principio de mi carrera (Futsal Alhendín y Zaidín 90-Granada CF), tuve que competir con dos equipos de chicos, porque no los había femeninos. Y recuerdo que los niños se quedaban sorprendidos porque no les parecía normal jugar con una chica. Pero conforme fue pasando el tiempo me trataban como una más», dice quien así es normal que tenga planteamientos condescendientes.

Tiene presente que «es muy complicado que una mujer pueda vivir de esto», lo que le «parece muy mal, y más teniendo en cuenta que los hombres sí pueden». Por eso no desdeña que en esta que es su tercera temporada de prestación de servicios la formación pimentonera le pague «el piso» y «el grado de fisioterapia» que imparte en la universidad católica privada a la que representa. Eso es «algo que sólo hace este equipo» y que en definitiva le espolea de cara a poder materializar su ilusión. «Jugar en la selección» es algo que «veo lejano», pero también «posible» y «llegará solo» a poco que le acompañe la suerte. Todo dependerá también de cómo se valore «la buena visión de juego» que le viene acreditando.

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