Tercera División

'Goku', estrella del Motril y trabajador en los invernaderos

Ataviado con su camiseta del Motril, 'Goku' carga con habichuelas en un invernadero. /JAVIER MARTÍN
Ataviado con su camiseta del Motril, 'Goku' carga con habichuelas en un invernadero. / JAVIER MARTÍN

Produciendo habichuelas y tomates de lunes a viernes, Francisco Martín puede compensar que en «Tercera no se cobre para poder dejar de trabajar»

Sergio Yepes
SERGIO YEPESGRANADA

El sexitano Francisco Javier Martín 'Goku' siente que «la falta de suerte», el no encontrarse «en el sitio justo en el momento adecuado», le impidieron recoger el fruto de las potencialidades que a finales de la década pasada hacían presagiar que disfrutaría de un porvenir venturoso entre laureles futbolísticos. Y ahora que tiene que comprobar que sus habilidades como centrocampista le alcanzan 'sólo' para tratarse de una de la estrellas del CF Motril, el cuarto clasificado del grupo noveno de Tercera, es cuando precisamente siembra la semilla con la que espera hacer recogida de un porvenir estable y apacible, aunque sea en otros terrenos. Concretamente en los que acotan el par de invernaderos de «mi padre» en los que de lunes a viernes «doblo la raspa» a la espera del momento de «almorzar», del de «descansar» y el de dirigirse al estadio municipal Escribano Castilla para poder ponerse a «entrenar». Desde «las ocho de la mañana hasta las dos de la tarde» se dedica en Salobreña al dignísimo arte de cultivar «tomates y habichuelas» y así se curte el agricultor-empresario que será con dedicación exclusiva una vez cuelgue las botas. Dice que «hay que intentar ser feliz con lo que uno tiene» . Y lo cierto es que tras haberlo sido sólo en algunos pasajes de su carrera deportiva asegura que lo consigue en la actualidad porque mientras se afana entre abonos y fertilizantes «no me da órdenes nadie».

Lentejas y habichuelas

Al echar la vista atrás, 'Goku' señala que «lo ideal es que me hubiera podido ganar la vida como profesional del fútbol». Pero también que a la vista de que «no lo conseguí» comenzó a reorganizar su vida «la pasada temporada» partiendo de la premisa de que «sólo pude completar la ESO». Tiene ya veintisiete años y asume con naturalidad que la práctica en la que se prodiga también junto a «mi hermano o mi prima» es la que le permite poner encima de la mesa el plato de lentejas. «La verdad es que siempre hay faena. Cuando no se hace recogida se va arreglando alguna cosilla, como el terreno. O como el fruto. A los tomates le vamos cortando las hojas o los tallos para que maduren o salgan más gordos», introduce quien así está en condiciones de proclamar que «ahora estamos en la temporada de la habichuela». En total, vienen siendo a diario «entre doscientos y trescientos kilos», que no sólo se trata de obtener «entre las matas» sino también de «cargarlos en una furgoneta» y «llevarlos a un almacén de Molvízar» en el que se procede al negocio del que ya conoce los entresijos. «Las habichuelas no se están vendiendo tan bien como en otros años, pero no se puede hacer nada. El kilo está a dos euros, o a uno ochenta», especifica quien ya tiene claro perfectamente a lo que se atiene. «Este es mi futuro. Es lo que hay, lo que llevo 'mamando' desde pequeño, lo que he visto desde siempre. Y la verdad es que me gusta más que cualquier otra cosa, más incluso que el estar en una oficina. Principalmente porque esto es mío, con un beneficio para mí. Por eso, siempre vas a intentar coger lo máximo que puedas», esboza quien de esta manera corre el riesgo «de lesiones en la espalda». Quien expone sin complejos el planteamiento de que «no sería lo mismo estar haciendo este trabajo para otras personas». Repelería «el tener que recibir órdenes» de aquellos con los que debería mantener una simple relación de empleado-jefe, pero sobre todo, «el no poder ir a mi ritmo». En definitiva, el acompasar a su gusto una rutina que verdaderamente puede compaginar con la competición «gracias a mi padre», quien se muestra «comprensible cuando me tengo que marchar al fútbol». Cuando debe practicar el deporte que le hace poner los pies en el suelo, y nunca mejor dicho.

«Diferente hace unos años»

«Hace unos años era diferente, porque había clubes que contaban con presupuestos grandes y podían invertir mucho dinero en sus plantillas. Pero hoy día en Tercera no se cobra como para no trabajar. Por eso lo de jugar es por diversión. Y por eso la mayoría de mis compañeros tienen otra ocupación laboral, salvo los que son estudiantes», señala. Y todo, mientras encima siente estar viviendo la paradoja de que «en esta categoría hay campos que están como mis invernaderos, o peor. Y luego hay otros que son de césped artificial y que parecen de asfalto». Que es algo que no evita que se sienta motivado para contribuir a la consecución del objetivo por el que fue contratado.

«Si estuviera jugando en Primera división estaría más contento. Pero en el Motril estoy encantado, porque me encuentro al lado de mi casa», explica este que tiene presente que «no será sencillo conseguir la clasificación para la promoción de ascenso a Segunda B por la que estamos peleando». Jugándose las 'habichuelas' ante los filiales del Málaga y el Almería, el Antequera o el Huétor Tájar siente abonado el terreno para «seguir disfrutando de lo que me gusta». Y realizando en los otros campos una labor «mucho más dura» y en la que curiosamente también se prodigan «mis compañeros Dani Cara y Linares» encuentra «lo que me renta».

Aquello, en definitiva, en lo que saber que algún día se tendrá que emplear «durante todos los días de la semana menos los domingos». Justo el periodo de veinticuatro horas en el que todavía se siente futbolista.

De 'Bola del Dragón' al Granada, con el que jugó en Segunda

Francisco Martín, el futbolista que es conocido como el protagonista de la serie ‘Bola del Dragón’ desde que «siendo chico» lo descubriera «por televisión» y tratara de emularlo «cuando me peleaba con mi hermano», tiene definido «el mejor momento» de su carrera. El que le hizo soñar con la posibilidad de ver asentado su apodo en el marco de la Liga de Fútbol Profesional. Remite a la temporada 2010/11, que es cuando «pude debutar en la Segunda división» y así «conseguir lo que todo futbolista humilde desea». Sucedió que el Granada CF lo fichó para que integrara la plantilla del filial, que competía en el grupo cuarto de la División de Honor. Pero también que «Fabri González» comenzó dándole la oportunidad de «realizar la pretemporada con el primer equipo», que es justo lo que le permitió ser considerado efectivo para entrar en competición. Una circunstancia que finalmente tuvo lugar el 4 de junio de 2011, cuando al sustituir a Abel Gómez disfrutó de veinte minutos de juego en el choque de la cuadragésimo segunda jornada de competición celebrado ante el Recreativo de Huelva en el estadio ‘El Colombino’. Y todo, para satisfacción de Mikel Rico, pivote del Athletic de Bilbao con el que «hice m uy buenas migas» y previamente había coincidido en El Ejido «estando yo en el filial y él en el primer equipo».

Sin embargo, tras aquel acontecimiento, ‘Goku’ no pudo culminar su despegue hasta el profesionalismo. El Granada CF lo cedió al Burgos, «donde no estuve bien y el segundo entrenador que vino –el exrojiblanco Miguel Ángel Álvarez Tomé– no contó conmigo».

Y acabó aquella temporada 2011/12 en la SD Alcalá, «con el que descendí a Tercera». Que es una categoría en la que inició un largo peregrinar hasta llegar la pasada campaña al CF Motril. Al club en el que siembra sus ilusiones actuales.

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