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El pertiguista movido por la adrenalina

Isidro Leyva posa con la sudadera del equipo nacional y la camiseta de su club de Nerja al hombro en el Estadio de la Juventud, donde entrena./JOSÉ I. CEJUDO
Isidro Leyva posa con la sudadera del equipo nacional y la camiseta de su club de Nerja al hombro en el Estadio de la Juventud, donde entrena. / JOSÉ I. CEJUDO

Malagueño de sangre granadina, Isidro Leyva fue séptimo en el pasado Campeonato de Europa júnior y ahora persigue el récord de Andalucía

José Ignacio Cejudo
JOSÉ IGNACIO CEJUDO

Una inyección de adrenalina nueva y diferente convenció a Isidro Leyva (1999) de que entre todos los deportes que le gustaban y se le daban bien la pértiga era el suyo. Se siente malagueño y compite para el club de Nerja, donde ha vivido la mayor parte de su vida, pero su sangre es granadina, hijo de un exfutbolista del Granada. Fue séptimo en el último campeonato de Europa júnior y ha sido campeón de España tres veces como cadete y juvenil y otras dos como júnior. Lo habría sido ocho veces de forma consecutiva de no ser por cinco centímetros en una final juvenil en Anoeta. Sus nuevos objetivos son alguna medalla absoluta nacional o internacional en su categoría júnior junto al récord de Andalucía.

Isidro Leyva quería ser futbolista profesional como lo fue su padre. Hubo una época en la que con doce años y en Nerja debía recoger a su hermano pequeño de sus entrenamientos de atletismo. Los técnicos le incitaban a probarse. «Se lo debo a mi hermano», reconoce hoy. Al principio compaginó ambos deportes con recelos en los dos bandos. Recuerda cómo, insaciable, un día mejoró su marca personal en un control y luego marcó dos goles. «Tuve que dejar el fútbol. El atletismo era lo que más me llenaba», cuenta.

Sus inicios fueron en altura, vallas y pértiga, «la que menos me gustaba porque me caía al foso y me comía la arena». Como vallista llegó a ser campeón andaluz. Un día lo llevaron a la colchoneta y descubrió algo nuevo. Una adrenalina parecida a la que sentía en otros deportes de riesgo que ya le gustaban como la BMX o el surf, pero todavía mayor. «Empecé a saltar y me gustaba la altura que cogía», describe. Comenzó a competir por saltar más alto que nadie sin dejar las vallas, que le sirven como entrenamiento.

Plus de peligro

A Isidro Leyva le cuesta describir ese chute de adrenalina que le da la pértiga. «Caer desde 5 metros hacia abajo es una experiencia única que recomiendo a todo el mundo. Es diferente, llamativa. No es fácil, pero tiene ese plus de peligro. La adrenalina es el estímulo que me mueve. Cuando enchufo un salto bueno todos van seguidos. Una vez que clavas, tu cuerpo se acelera y luego sigues acelerado», expone Leyva. Su actual mejor marca es de 5,16 metros, obtenida en 2017 en Granollers. Tiene entre ceja y ceja participar en el campeonato nacional absoluto.

El malagueño de sangre granadina siempre tuvo cualidades pero le costó madurar. Lo hizo en su primer campeonato del mundo, en Cali en 2015. «No me lo esperaba, hice la mínima en el último momento. Creía que era imposible, pero lo logré. Ese campeonato me 'vacunó' para el atletismo y me hizo dar un cambio radical», asegura. «Me considero un atleta 'maduro', sé que me falta mucho por aprender. Cali me hizo madurar y saber dónde tenía que estar, por qué luchar y por qué no», se define. A Leyva también lo han moldeado las decepciones, como un nulo que lo sacó del podio en el Festival Olímpico de la Juventud cuando le había prometido un bronce, como mínimo, a su padre. Estuvo dos días deprimido pero se levantó. Su gran séptimo puesto en el pasado campeonato de Europa, contra todo pronóstico, es un ejemplo.

«Caer desde cinco metros hacia abajo es una experiencia única que recomiendo»

«Se sabe quién es el hombre más rápido del mundo pero no el que más alto salta»

Se mudó con su familia a Granada en 2014 desde Nerja por sus estudios. El deporte le hizo repetir un curso y ahora cursa 2º de Bachillerato no sin dificultades. «Me está costando, me agobio e intento entrenar rápido, no disfruto», admite. Quiere estudiar INEF en Almería pese a las ofertas de becas en Estados Unidos que le han llegado tras su campeonato de Europa. «Sé que más a gusto que en Almería no voy a estar», valora. Allí le espera como profesor su entrenador Antonio Orta.

Segundo padre

«Es un segundo padre, me lo ha dado todo y yo se lo he devuelto en la pista. Sin él y sin mi padre -el auténtico, que lo lleva a entrenar a Almería- no estaría donde estoy hoy», razona Leyva. Cuando está con él pueden pasar horas y horas hablando de pértiga, y cuando los separa la distancia intercambian vídeos por Instagram. «Nos solemos fijar en aspectos como la zona de la entrada, cuando clavan la pértiga, la recogen y cuando se pegan a la vertical, pero también en cómo mira o incluso cómo coloca el pie», resume.

Su pertiguista más admirado es Andrés Hinojos, almeriense que ostenta el actual récord de Andalucía en 5,32 metros y al que entrenó Orta, el mejor instructor posible para arrebatarle el logro. Leyva tiene licencia granadina en la actualidad y los récords provinciales de Granada y Málaga, que espera repetir en Almería, lo que le becaría.

Isidro Leyva sabe que la pértiga «es mi forma de vida y lo va a seguir siendo mucho tiempo, estoy enamorado del deporte pero sobre todo de este». Es consciente de lo complicado que es vivir de ello, «y prefiero que sea así». «Si metemos dinero en el deporte se convierte en un negocio. Los que disfrutamos no lo hacemos por dinero, con lo mínimo nos conformamos», añade. El Barça le tentó en su día y lo rechazó por seguir con los suyos. Le entristece el desinterés general hacia el atletismo: «Todos los deportes vienen del atletismo, que es el origen». «Se sabe quién es el hombre más rápido del mundo pero no el que más alto salta», profundiza. Leyva seguirá saltando para que al menos su nombre permanezca en todos los récords a su alcance.

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